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Ecuador/Mié.12/May/2021

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José Velásquez

Mientras tanto, en Wall Street

25 de enero de 2021 00:00

Puede que no nos guste, que lo sintamos lejano o que creamos que no nos afecta. Pero los mercados internacionales observan con preocupación la escena electoral en Ecuador. ¿Por qué? Porque durante años Ecuador ha salido a vender papeles de deuda y quienes han comprado esos bonos creen que el riesgo de mora es cada vez más alto.

El discurso de turno pegado con la baba de la falsa soberanía dirá que eso no nos debe importar. Es más, seguramente dirán que hacen bien los inversionistas imperialistas en preocuparse porque quizás terminemos revisando si pagamos esas cuentas o no. A ver si somos igual de bravucones cuando tengamos que salir otra vez a pasar el sombrero.

Pensarán que bastará, al menos al principio, con saquear nuevamente el Banco Central y robarle la liquidez a cambio de papeles basura. Pero la verdad es que Ecuador tiene un problema endémico de déficit fiscal y es eso lo que nos obliga a endeudarnos tanto. Es relativamente común que las estructuras políticas débiles tengan presiones sobre el gasto y, si no hay disciplina, se generan desbalances en las cuentas. Ecuador lleva varios años con déficits que oscilan entre el 5% y el 10% del PIB.

Cuando se habla de robustecer la dolarización la apuesta es ingresar más divisas al país. Eso llega vía inversión extranjera, exportaciones, envío de remesas, turismo y deuda externa. Alguna mente huérfana de decencia consideraría el lavado de dinero y algún otro delirante pensará que pueden aterrizar dólares vía juicios a empresas transnacionales como Chevron. Otros venden la idea de la repatriación de capitales, cuando precisamente su manual bolivariano podría generar un efecto contrario entre los depositantes.

Al final, resultó más fácil en estos años salir a vender bonos y pedirle prestado a los organismos multilaterales en lugar de amarrarnos el cinturón y apoyar seriamente al sector privado para que pueda robustecerse la canasta exportadora. Y cuando el FMI nos condiciona el dinero, lo hace porque sabe que el pan que nos entrega hoy será hambre para mañana si no nos comportamos como una economía seria.

Los países que padecen este mismo problema normalmente imprimen progresivamente más dinero, devaluando su moneda, generando inflación y perdiendo la confianza de los agentes económicos. Cuando tocan piso proceden a cambiarle el nombre (Nuevo Sol, Nuevo Peso, Bolívar soberano, etc.) y vuelven a empezar el mismo ciclo vicioso. Otros crean plata electrónica como la que nos quieren vender para levantar un sistema paralelo.

Pero el dólar nos protege de esa potencial herramienta de abuso populista llamada devaluación y por eso estamos obligados a reaccionar sin trampa. Los candidatos que ofrecen inversión y gasto demagógico y desmedido son los que agudizarán esta crisis. Los que ofrecen reactivar el sector productivo y conciliar lo público con lo privado para generar empleo, son los que podrán corregir el problema. Una cosa es derrochar dinero que no hay y otra cosa es producir para que lleguen más dólares al país por vías legítimas.

Y así volvemos a Wall Street, donde tienen sede los bancos de inversión más poderosos del mundo. Al empezar diciembre el riesgo país elaborado por el banco JP Morgan estaba apenas por encima de los 1000 puntos.  Desde entonces crece de manera sostenida y el viernes 22 rondaba los 1.250 puntos. Claro que el año pasado se disparó debido a las incertidumbres financieras agudizadas por la pandemia: en marzo 9, a las puertas del confinamiento, trepó hasta los 5.000 puntos. Mientras más sube, existe mayor pesimismo de parte de los inversionistas y del sector financiero.

Pero Ecuador mantiene por estos días quizás la mejor relación que ha tenido con los organismos multilaterales en dos décadas. ¿Entonces por qué están preocupados en Nueva York e incluso en Londres? Porque escuchan las ofertas de campaña y entienden la amenaza latente que quizás nosotros no llegamos a dimensionar. Porque seguramente ya hicieron los deberes y revisaron todo lo escrito y dicho por el inventor de la “desdolarización buena”. Porque el escudero del correísmo además admira profundamente a Maduro y se reunió con el presidente de Fernández, que dirige la nación campeona latinoamericana en moratoria de deuda. Porque saben que el populismo siempre crece fértil cuando hay bonanza, pero que también busca volver cuando hay que proteger el montaje que tanto les costó impostar, como claramente ocurre en Argentina.