“Soy venezolano; me muero de hambre”

- 15 de mayo de 2019 - 00:00

El título de este microensayo no es original. Lo observamos todos los días en las calles, centros comerciales y plazas de Quito, junto a los semáforos y en sitios transitados. En un cartón pintado con crayola el mensaje es recurrente, en manos de ciudadanos venezolanos, incluso con niños al hombro, en días de sol y de lluvia.

¿Por qué emigra tanta gente? El problema forma parte de la historia humana allende los tiempos. La pesadilla de la emigración ha estado unida a tres fenómenos: la hambruna, la peste y la guerra, según Yuval Noah Harari, en el magnífico libro Homo Deus. Los pobladores de China, en el siglo XX; los de la India medieval y en el antiguo Egipto sufrieron estos signos de violencia.

El caso venezolano nos conmueve. Las parejas de jóvenes y los muchachos con sus carteles forman parte del paisaje urbano, que retrata un problema social, económico y político de uno de los países más ricos del mundo: Venezuela. ¡Qué paradoja!

Venezuela -en pleno siglo XXI- vive una hambruna masiva, por obra de la desgracia (¿?) o la estupidez humana. Pero no son las sequías o las inundaciones las causas de esta hambruna posmoderna, y su hija mayor, la emigración masiva de personas, sino por la inexistencia de un gobierno eficaz que debe cumplir un objetivo básico, elemental: la búsqueda del bien común.

La frase “Me muero de hambre” es un grito silencioso de esta hambruna moral, que afecta a millones de ciudadanos de un país hermano como Venezuela, al cual nos unen lazos entrañables, entre otros, por Simón Bolívar, nuestro Libertador.

Este es un ejemplo -o mal ejemplo- que debería servir como lección para los líderes. La salida de esta catástrofe -con altos índices de inflación, corrupción e ingobernabilidad- no será fácil, mientras exista egoísmo, cobardía y dictadura. La única alternativa es la democracia plena.

Si el mundo fuera sensible no dejaría que ningún ser humano pronunciara tan desgarradora frase. Entretanto, un dólar de caridad no basta. Un nuevo acuerdo para eliminar de raíz las causas de la pobreza moral es necesario. (O)