Mejorando la educación básica rural

- 07 de febrero de 2019 - 00:00

La educación básica universal es una parte crítica del desarrollo rural. Los individuos que tienen alguna educación son mejores agricultores y eventualmente pueden conseguir empleos fuera del agro. Más aún, permite aliviar en algo la pobreza y contribuir a la economía nacional. Y, aun así, la educación primaria rural en nuestro país sufre, pues las zonas rurales son normalmente remotas de los centros donde actúan el Ministerio de Educación, que distribuye los recursos, por lo cual su calidad es pobre.

Y a esto se suma que el modelo de escolaridad contiene un contexto urbano que no es relevante para el entorno rural. Hay que añadir que las familias rurales y campesinas no pueden costear una buena calidad de educación y prefieren mantenerlos en el ilegal trabajo infantil que contribuye al ingreso familiar.

Está muy claro que al mejorar la educación rural nuestra gente adquiere habilidades que les permiten ser más productivos. Lo que aprenden en la escuela les hace más capaces de adoptar nuevas tecnologías y prácticas; lo cual les permite interactuar en forma efectiva en las modernas organizaciones productivas; les permite socializar y funcionar activamente en la sociedad del siglo 21; y lo que es más importante, el aprendizaje en la escuela ayuda a los campesinos a aprender nuevas competencias y a desarrollar cualidades más allá de la escolaridad normal.

Ya sea que solo una o una combinación de estas características se cumpla, no hay duda de que algunos años de escuela básica rural, cuya extensión y duración es más difícil de determinar, contribuyen sustancialmente a que nuestra gente en las zonas rurales se desarrolle como individuos y, en consecuencia, participen en el desarrollo económico y social.

Es cierto que los niveles altos de educación tienen un mayor impacto directo en el desarrollo económico, sin embargo, la educación primaria y media en zonas rurales son mucho más importantes, pues contribuyen más ampliamente hacia ese desarrollo. Aparte de estos beneficios económicos, hay otros mejoramientos prácticos: personas que saben leer y escribir, compran y usan mejor los bienes y servicios.

Las mujeres con cierto nivel de escolaridad proveen a su familia de mejores condiciones sanitarias y alimentación más nutritiva, con lo cual obtienen una vida más sana y productiva. No podemos escatimar los esfuerzos por mejorar este tipo de educación rural. (O)