Medios, política y civilización del espectáculo

- 29 de agosto de 2020 - 00:00

No solo la banalización del arte y la literatura o el crecimiento del periodismo sensacionalista son problemas que afrontan nuestras sociedades. La ligereza con la se desarrolla la política, es uno de los principales síntomas que aquejan a la sociedad actual.

En los últimos años, la popularidad y el éxito son estados que se conquistan ya no por la capacidad o probidad de las personas, sino a través de la demagogia o del talento en materia de actuación y persuasión que poseen ciertos personajes.

Hoy en día, varias encuestas y sondeos muestran una baja percepción de la ciudadanía hacia la política, ubicándola como una actividad o proceso contaminado por círculos que buscan entre otras cosas, formas rápidas de enriquecimiento.

El desprestigio de la política sin embargo, no es un fenómeno que caracteriza a los países sub desarrollados, pues el cuestionamiento a los niveles profesionales y morales de la clase política, se ha expandido a nivel mundial. En las democracias actuales se ha evidenciado un profundo desgaste, el cual ha provocado mayor desinterés en este ámbito. Ello se ha visto reflejado en un marcado ausentismo en procesos electorales de algunos países.

Frente a ello, hay que señalar la incidencia que han tenido los medios de comunicación. Los aspectos negativos de la vida política, han sido magnificados en algunos casos de manera poco responsable por el surgimiento de un periodismo sensacionalista, que ha generado en la opinión pública la idea de que la política es un quehacer para personas amorales, ineficientes y propensas a la corrupción.

Si bien las nuevas tecnologías y medios de comunicación han permitido contrarrestar la censura y control de ciertos líderes y sistemas autoritarios, no se ha despertado desde este sector el interés suficiente de participación en las nuevas generaciones. La función crítica del periodismo en algunos casos, ha caído en la distorsión y superficialidad que ya no busca profundizar sobre un determinado proceso, sino que busca ante todo la primicia.

En una cultura donde el principal valor es el espectáculo, la información y el conocimiento han pasado a un segundo plano. Los medios de comunicación, como actores encargados de ejercer una función fiscalizadora del poder, han sido presa de esa cultura del entretenimiento, en donde se han desencadenado verdaderos escándalos, profundizándose así una actitud indiferente de la ciudadanía hacia la política.

El involucramiento de las nuevas generaciones al ámbito político requiere del trabajo de varios sectores que permitan ver y entender a la política, ya no como ese escenario oscuro, sino como un espacio de servicio a la sociedad. El manejo oportuno y responsable de la información, será fundamental para avanzar en esa dirección. (O)

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