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Fredy Lobato

¡Matrimonio igualitario ya!

04 de mayo de 2019 00:00

La discusión sobre el acceso al matrimonio civil para personas del mismo sexo en Ecuador, sobre todo de quienes se oponen, tiene los mismos estribillos de los debates de otras legislaciones y Estados. Los opositores son los mismos: grupos ultraconservadores, fundamentalistas y retrógrados.

Hay un razonamiento lógico que pocos ejercen. La condena a la homosexualidad viene de las fábulas bíblicas de Sodoma; y sin embargo ya llevamos más de mil años y la condena de los escritos hebreos se multiplicó gracias al auge de la iglesia romana, que no ha evitado o impedido que existan o se visibilicen homosexuales en el mundo. ¿Algo andaría mal, no? La condena a la “sodomía” surgió como una forma de controlar las relaciones sexuales no reproductivas en el clero y se extendió a los laicos en la Inglaterra de los siglos XII y XIII, mediante castigos severos que con el tiempo fueron mayores, hasta acabar en la hoguera; el pecado se hizo crimen. Y eso se ha mantenido por siglos y ni homosexuales ni homosexualidad han desaparecido en la humanidad.

Más paradójico es que quien la condena es una institución en la que predominan justamente homosexuales, así lo han dicho miembros de la propia iglesia como el sacerdote polaco Krzysztof Charamsa o el historiador francés Frédéric Martel, tras una década de investigación en la Santa Sede, llamada de “paraíso gay”; más que el Brasil del bochornoso Bolsonaro. Este “trauma” fundamentalista deviene en que ese pecado carnal, se convierte en amor y éste, por en cuanto, se institucionalice, genere derechos y obligaciones como ha sucedido con el matrimonio heterosexual.

Negar el matrimonio igualitario es echar por tierra procesos similares que incluso en la católica Irlanda, fue aprobado mediante referéndum. No hubo retrocesos, hubo avances. Más personas forman un hogar, construyen su familia. Ninguna nación que aprobó el matrimonio igualitario sucumbió a un apocalipsis. Cuando se apruebe en Ecuador, el reto será mayor, porque el patriarcalismo machista dará guerra para mantener la estructura social, institucional y educativa. (O)

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