Más allá de la solidaridad

- 27 de abril de 2016 - 00:00

Un olor áspero y triste mortificaba a quienes llegaban por la entrada norte de la ciudad de Pedernales, había un atardecer de postal que no distraía del desconsuelo a las almas solidarias que ese miércoles cumplíamos con la demanda de “cada humanidad individual se expresa idealmente en relación con los demás”. El entrecomillado es del arzobispo sudafricano Desmond Tutu explicando la filosofía del Ubuntu. O más sencillo: “La persona depende de otras personas para ser persona”. Eso ocurrió en Manabí y Esmeraldas. Todo acto solidario se hizo material de necesidad básica: agua y alimentos. La satisfacción general debería terminar apenas se alejan aquellos rostros agradecidos, para retornar a la evaluación de la gestión comunitaria e institucional de riesgo.

No conviene quedarnos por fuera del aprendizaje de esta trágica experiencia, para corregir los probables errores que causaron muertes y pérdidas económicas; valorar los avances en el conocimiento científico de amenazas y vulnerabilidades de las dos provincias; apreciar la respuesta de la ciudadanía antes, durante y después de este evento adverso, hay lecciones para desaprender, aprender y reaprender; conocer el acumulado de inteligencia social (saberes y experiencias históricas populares) en la diversidad territorial. Este jazzman no hace referencia a una suma de académicos, expertos y políticos hablando bonito y parejo, más bien tuntunea eso que Daniel Inneraty llama ‘bien relacional’, o sea, organizar sinergias pequeñas o grandes mediante un sinfín de ‘actos comunicativos’. La gente ecuatoriana aprendería del enredo común de dolor y altruismo.

¿Alguien sabe cuánto tiempo tenemos? Nada, ni un chin de hora. La preparación para ser resilientes (no se trata de soportar martirios) recomenzó a las 18:59, del 16 de abril de 2016, continúa y proseguirá. Manabí y Esmeraldas, en una clasificación de provincias con alto grado de amenazas naturales, están en primero y segundo lugar, salvo las de origen volcánico, las tienen todas. Mario Cruz DeHowitt, María Cristina Acosta y Nelson Vásquez publicaron un documento titulado: Riesgos por tsunami en la costa ecuatoriana. Ese paper alerta: “El investigador estadounidense Stuart Nishenko, basado en análisis estadístico de recurrencia y períodos de retorno, afirma en su reporte Circum-Pacific Seismic Potencial  (USGS, 1989), que del 1999 al 2009 existe la probabilidad condicional (cursivas, JME) de que se produzca un sismo de magnitud 7,9, con epicentro en el lecho marino o muy cercano al mar, frente a las costas de Manabí y Esmeraldas…”.

Con el pasar de los años S. Nisenko incrementaba la ‘probabilidad condicional’ hasta ubicarla en el 90%, para el decenio 1999-2009. Los autores consideraban cumplida la predicción por el terremoto de Bahía de Caráquez de 1998. Poco importa si se acertó o no, la alta probabilidad de sismos o tsunamis en las costas de las dos provincias imponen activarnos en comunidades gestionadoras de incertidumbres. (O)

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