"Mantenlo auténtico"

- 23 de marzo de 2016 - 00:00

(Imitando al hermano hip-hopero Chuck D). Diablos, de eso se trata, cimarrones de todas las urbes y ruralidades, de la autenticidad de algunas cosas básicas, por ejemplo, todo es política menos la tontería, los cambios no llegan, en ningún express se los diseña y se aplican, eres biología y no te puedes mimetizar mientras más oscura es la gente más pobre es, ya está aprendido: el mundo es ancho y fácil para ya sabes quiénes y ajeno para la diáspora africana donde esté de inquilina. La diplomacia internacional sancionó el Decenio de la Afrodescendencia con tres esqueletos de palabras: reconocimiento, justicia y desarrollo. O se nos van diez años en inútil filosofar o de diez hacemos quinientos en progreso. Keep it real, dicen los NWA o sea los ‘negros con actitud’ (las siglas están en inglés), esa es la idea.

El pasado lunes 21 de marzo fue el Día Internacional por la Eliminación de la Discriminación Racial, recordando la masacre de Shaperville, en el Transvaal, Sudáfrica. Ese día, miles de personas protestaban contra las políticas del apartheid establecidas por el Gobierno sudafricano, la Policía llegó, vio y disparó. 60 personas fueron asesinadas y se encarceló a decenas de miles, también se ilegalizaron las formaciones políticas antirracistas y progresistas. Fue la Resolución 2142 de la Asamblea de la ONU, del 20 de octubre de 1966. En Ecuador gobernaba Clemente Yerovi Indaburu y al racismo no se lo discutía ni siquiera en la izquierda.

El racismo académico (o en versión pseudo) se manda aquello de “todos somos afrodescendientes, así es que ya no jodan con su Decenio”, no es exactamente así, pero es muy parecida a esa conclusión malafesiva. No hay contrapunteo sobre el origen de la humanidad, porque los sagrados huesos de Lucy, aquella protoetíope, confirman las teorías. Que nadie tire parada de locura, las reparaciones exigidas son por los últimos 500 años, desde que unos señores dijeron, ahí no había una sola mujer ni siquiera la reina católica de Castilla, que los ancestros de este jazzman no tenían alma. La diss battle fue entre Bartolomé de las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda, el tema eran unos ‘pobrecitos indios’ y sus almas perdidas, que debían ser recuperadas para llevarlas al paraíso celestial después de matarlos trabajando en un tiempo sin fin.

El debate de estos expertos en almas lo ganó Las Casas y perdió la gente negra africana. Lo que vino después es la utilización infinita de todo lo habido y por haber en literatura, música, pintura, religión y ciencia para ir deshumanizando miles de años de humanidad africana. Y aún no termina, pero terminará como comenzó por el lado de la humanización. Con que el Decenio de las reparaciones no es por aquellas primeras y voluntarias emigraciones de hace decenas de miles de años, nada que ver; es por el secuestro multisecular de decenas de millones de personas sin importar edad, nación o región de África por europeos autorizados y estimulados por sus Estados. (O)