Al mal tiempo buena cara

- 08 de abril de 2020 - 00:00

Una de las imágenes más perturbadoras de la pandemia mundial tuvo origen en el Ecuador: varios cadáveres de compatriotas aparecieron unos sobre otros, en una de las morgues de la ciudad de Guayaquil, mientras las cámaras recorrían algunas calles donde se observaban más cadáveres cubiertos por sábanas.

Solamente en las guerras habíamos visto estas escenas, mientras las autoridades del puerto principal anunciaban con desparpajo, que “seguían trabajando” en beneficio de la comunidad. Esta noticia fue difundida por CNN y el Ecuador fue el centro de comentarios de diversa índole, mientras el presidente pedía, en cadena nacional, más transparencia en el manejo de la información.

Nos duele en el alma estos sucesos. El Ecuador y la mayoría de los países del mundo no estuvimos preparados para la llegada de esta enfermedad y otras, que han desencadenado desequilibrios económicos, políticos, sociales y sobre todo cambios en los comportamientos ciudadanos. El virus está aquí y no hay otra alternativa que aplicar las recomendaciones oficiales, como no salir de casa, guardar normas de higiene y evitar aglomeraciones. Porque es un enemigo invisible al que hay que atacar con disciplina, responsabilidad y sentido común.

Para bien o para mal, el virus ha desnudado nuestras debilidades, deficiencias y opacidades, así como las pobrezas morales –y no solas las económicas-. Las compras con sobreprecios en el IESS, el ocultamiento de mascarillas y, en ciertos casos, el mal manejo de la información reflejan la precariedad de nuestras instituciones.

Pero han aparecido también acciones positivas de la sociedad civil y la empresa privada, muchas de ellas anónimas, para atender a los que no dependen de un sueldo fijo –los informales-, a los abandonados bajo los puentes y a aquellos como los ancianos sin seguro, en los sectores urbano-marginal y rural. Rotary Club Internacional lo hizo antes con la polio; hoy desarrolla estrategias mundiales con el coronavirus.

El país se ha recuperado de todas las calamidades. En esta ocasión tenemos que responder sin ideologías a un problema de salud que nos concierne a todos. ¡Al mal tiempo buena cara! (O)

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