Lula y nosotros

- 16 de abril de 2018 - 00:00

Todas las mañanas, la gente del MST, aquí, en el campamento en que nos concentramos, al lado del edificio de la Policía Federal, donde Lula está preso, se reúne en la calle más cercana a ese edificio, y grita:
¡Buen día, Lula!

Lula lo oye, como dijo a su abogado, que puede visitarlo todos los días. Yo mismo, en el comercio de los 9 gobernadores, cuando hablé, pedí, al final que la gente gritara:

¡Yo soy Lula!

La gente coreó, porque sabe que es la única forma de contacto directo con Lula. Lula, que vive de conversar con la gente, de hablar, de oír, que piensa mientras habla, que se alimenta de ese contacto, que alimenta a todos con su palabra, su aliento, su sonrisa, su abrazo, tiene prohibido hacerlo. Está en un local donde no tiene contacto con nadie, salvo con las visitas.

Está autorizada la visita de los abogados, de los familiares una vez a la semana -los miércoles-, pero a los 9 gobernadores, que se acogieron a la ley que permite la visita de amigos, se les prohibió encontrarse con Lula. Todo tipo de arbitrariedades son cometidas contra Lula, intensificando la persecución.

El campamento, donde se concentran miles de personas, principalmente del MST y de la CUT, con sus barracas para dormir, sus carteles, vino para estar cerca de Lula y tratar de sacarlo de la mazmorra donde los chacales lo tienen encerrado. Vienen de todas las partes de Brasil, se organizan con sus cocinas, sus baños, las reuniones de discusión política, los comicios.

Las primeras encuestas, desde su prisión, muestran que Lula sigue aumentando, ahora con más rapidez, el apoyo popular que tiene, hasta el punto de que Folha de Sao Paulo ha decidido sacar su nombre de las encuestas que hace, de forma igualmente arbitraria, para no seguir midiendo el sentimiento popular hacia él.

En el campamento, entre nosotros y Lula, hay una fila de policías que nos impide acercarnos al edificio de la Policía Federal y a los muros del odioso edificio blanco donde lo tienen encerrado. Pero nunca estuvimos tan cerca de Lula, nunca él estuvo tan presente entre nosotros. (O)

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