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Ecuador/Sáb.8/May/2021

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José Velásquez

Los “viejecitos”

27 de abril de 2021 00:00

El maestro Oswaldo Guayasamín tenía 66 años cuando concibió el proyecto de la Capilla del Hombre. Yolanda Kakabadse llegó a la presidencia de la organización ambientalista más importante del mundo a los 62 años y el presidente Durán Ballén demostró estar listo para la guerra a los 74.

En la oscuridad de esta pandemia los estadounidenses se ponen principalmente en las manos de dos personas: el presidente Joe Biden y el director del Instituto de Alergias y Enfermedades Infecciosas Anthony Fauci. El primero tiene 78 años y el segundo, 80. Mientras tanto en Ecuador el sistema ha estigmatizado a los adultos mayores con diminutivos innecesarios que no están en sintonía con el trato que merecen. Les hablan bonito, pero se los maltrata.

El tono condescendiente hacia las personas mayores de 60 años, como si no fueran capaces de nada, es una de las torpezas sociales más retrógradas de nuestros tiempos. Y en ese menosprecio disfrazado de compasión yace la desidia de una atención mediocre. Es una descalificación solapada y consentida. A ver si llegan tocando la puerta del FMI y le dicen viejecita a la directora-gerente Kristalina Georgieva, que cumple 68 años en agosto.

Muchas mentes brillantes firmaron la inmortalidad en edad madura. Tolkien publicó “El señor de los anillos” a los 63, Saramago concluyó su “Ensayo sobre la ceguera” a los 73 y Vargas Llosa presentó “La fiesta del chivo” a los 64.

La voz de los adultos mayores suele ser sistemáticamente ignorada como si los años sumados fueran un descredito. Sus quejan pesan menos; su tiempo perdido no vale nada. Tampoco están representados y eso que vivimos en un país marcado por la falta de relevo.

Es como si la jubilación los desactivara del mapa social y político. De pronto todo se vuelve opcional y en esa liberación está la trampa de la exclusión. En los últimos años el IESS ha estado más al servicio de las emergencias de liquidez del inquilino de Carondelet que de los afiliados y jubilados. ¿Qué se hace para mejorar la renta de los adultos mayores? En América Latina se estima que 2 de cada 5 no reciben ningún tipo de pensión y los que sí la reciben no siempre alcanza para escapar de la pobreza.

La pandemia los ha golpeado con despiadada dedicatoria y a cambio los hemos invisibilizado aún más. No los vemos, ni los reconocemos y se pisotean sus derechos. Los beneficios que tienen son escasos y ni los choferes de buses ni los delincuentes les dan tregua. En nuestra inmensa mezquindad creemos que no se enamoran, que no se ríen con los amigos, que no consumen, que no ahorran, que no comen, que no se ilusionan y que no gastan. Son solo máquinas de ir a la iglesia y al médico.

A los 85 años, el chileno Sergio Chamy respondió un anuncio en el periódico y terminó dos años después asistiendo a la ceremonia de los premios Oscar como protagonista de una de las candidatas a mejor documental del año. Nunca se había puesto frente a una cámara y nunca había viajado en avión, pero se reinventó y llegó a Los Ángeles para cumplir su misión de “recordarle a la gente que los adultos mayores tienen un espacio y cosas que decir”. La capacidad no tiene edad; el arrojo no tiene fecha de expiración. El presidente electo Guillermo Lasso ya tiene 65 años: ojalá él también se embarque y aterrice en un país en el que las canas se respeten, se valoren y se aprecien. (O)