Los pobres excluidos de ver a la “Tri”

- 11 de octubre de 2020 - 00:00

El fútbol, en casi todo el mundo, es el deporte de las multitudes.  Es el espectáculo que motiva el interés y hasta la pasión de diversos sectores de la sociedad.  En Latinoamérica y, obviamente en el Ecuador, hay más gente pobre que acaudalada y muchísimos de los pobres han disfrutado de este hermoso deporte que llega al alma de quienes lo sienten.  No son el tenis y menos aún el golf, deportes cuya práctica o transmisión televisiva llegue a las clases populares. 

Por muchísimos años los ecuatorianos tuvimos el privilegio de  ver el fútbol en la televisión, en señal abierta,  en los canales de VHF.  Sin embargo, conforme la ambición por el dinero se apodera de las personas y de las instituciones, empieza a haber restricciones y el  ver el fútbol pasa a ser privilegio de las personas que tienen televisión por cable.

El dinero se convierte en un fin y no en un medio. Evidentemente, los sectores populares, aquellos que van a los estadios a las localidades más baratas a ver a sus equipos, ya tienen dificultades para ver a su selección ecuatoriana de fútbol pues muchos no tienen para televisión por cable.  Todavía peor, la Federación Ecuatoriana de Fútbol, ha hecho arreglos con empresas  cediéndoles los derechos de transmisión y  ahora, las posibilidades de ver a la selección ecuatoriana de fútbol y los partidos de las eliminatorias para el mundial de Catar 2022, se limitan a complejos accesos a través de compañías telefónicas o Youtube  y solamente para los que tienen tarjeta de crédito, obviamente la minoría de la población. 

La lógica indicaría que un propósito fundamental de la FEF  debe ser fomentar el interés por el fútbol y por nuestra selección; que mucha más gente siga los partidos de nuestra selección; que el ver a la selección no sea un privilegio de portadores de tarjeta de crédito.  No obstante, ese no parece ser el propósito.  Sin duda es legal el hacer contratos de esta naturaleza y es deseable que haya superávit en las finanzas de la FEF; sin embargo, mucho más loable y legítimo es que pobres  y ricos puedan ver el fútbol, sin trabas y que se entienda que el dinero no es un fin sino un medio.

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