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Daniela Ángela Leyton Michovich

Lo que aprendí de Albert Bandura

30 de julio de 2021 00:58

Esta semana falleció el psicólogo canadiense Albert Bandura, prominente científico considerado  uno de  los grandes referentes de esta disciplina al lado de B.F. Skinner, Sigmund Freud y Jean Piaget , siendo uno de los académicos más citados.

Su muerte  dejó un cierto aire de orfandad en todos los que hemos acompañado y enfocado nuestras investigaciones y preguntas sobre el comportamiento humano con el gran legado de su teoría, a propósito de esto, me gustaría en esta ocasión compartir algunos aprendizajes  de los muchos que permanecerán en mi memoria y práctica laboral.

En mi temprano ejercicio profesional y gracias a la comunicación de un colega,  tuve la oportunidad de conocer en Bolivia a dos profesores vinculados directamente con Albert Bandura, pensé entonces que dada la coyuntura era pertinente procurar la divulgación del conocimiento, entonces, propuse una mesa de reflexiones en torno a  trabajos y aportes vinculados a las teorías de Bandura y el conflicto social, este evento fue bien recibido, se llevó a cabo en el auditorio de Ciencias Políticas  de la Universidad Mayor de San Andrés (La Paz-Bolivia). Producto de las reflexiones compartidas en el evento, fui invitada a  compartir los resultados de una investigación mía con el Departamento de Psicología de la Universidad de Stanford (USA), quienes en esa época estaban interesados en  papers sobre el desenganche moral y la autoeficacia.

Mantuve comunicación vía internet con los profesores, quienes generosamente me compartieron material bibliográfico para seguir revisando y aprender. El ambiente que generaron fue propicio, su ejemplo evidenciaba la importancia de la congruencia entre lo que plantea la teoría que uno estudia con la vida misma. Todos estos aspectos sin duda reforzaron mi autoconfianza, concepto que, como nos dice Bandura, puede marcar una gran diferencia en el aprendizaje, porque permite poner más atención en el  proceso en lugar de considerar cada obstáculo una línea final. El efecto entonces se traduce en una escalada progresiva de metas desafiantes. Recordé entonces que yo había empezado mi trabajo estudiando un fenómeno social con dos instrumentos, luego fui más ambiciosa, pude validar y enlazar cuatro instrumentos e incluso sumar una otra variable al estudio y enriquecer mi bibliografía, más tarde con un poco más de  práctica pude desarrollar algunas impresiones, conclusiones, identificar algunas tareas pendientes, desarrollar nuevas propuestas y sobre todo plantear muchas más preguntas. Mi proceso de aprendizaje había sido exitoso.

En esa época estudiaba la  autoeficacia regulatoria y la gestión del conflicto en jóvenes que pertenecían a grupos fascistas “blancos” y que provenían de sectores precarizados. En un momento determinado de tensión política, estos jóvenes se enfrentaron pública y violentamente contra sus padres, quienes eran comerciantes en el mercado de la ciudad.  Describí entre varias cosas, cómo los actores leen o no las consecuencias de sus actos, cómo  “apagan” sus efectos destructivos como se expresa el desenganche. Me había acercado un poco más a la  comprensión de ese lado oscuro de la humanidad y sentí la urgencia de identificar algún aspecto capaz de generar un cambio.

Así, Bandura en su legado no solamente me  ayudó a leer la oscuridad, él también pensó en “lo mejor de la humanidad” y cómo es que esta se incorpora. Pensó en el poder de la humanización, como la cara reversa del desenganche, la luz. Esta propuesta me acercaba a la esperanza, porque las buenas acciones también pueden ser aprendidas, modeladas y tener un importante impacto en las sociedades, para esto, era urgente concentrarse en la empatía y la compasión. Lo que aprendí en esta etapa sin duda tuvo un enorme impacto en mi vida profesional, cuando me tocó estar al frente y facilitar diálogos en procesos de transformación de conflictos sociales.

Hoy celebro la vida de Albert Bandura, la congruencia y generosidad de sus colaboradores,la importancia que le dio al proceso de aprendizaje y el carácter retador con el que se debe encarar cada dificultad planteando con seguridad que todo obstáculo es  una oportunidad, todas actitudes, que hoy veo reflejadas en otros espacios, en las prácticas de grandes maestras como Mariana y Angélica. Agradezco a Bandura el llamado a prestar atención a la empatía y la compasión  tareas que aún están pendientes en nuestras sociedades.

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