Licencia médica

- 10 de marzo de 2019 - 00:00

Evidentemente es preocupante que un tercio de los médicos que se gradúan en Ecuador no logren aprobar el examen de habilitación profesional. Siendo este examen de poca complejidad, resulta muy alarmante este pobre rendimiento.

La responsabilidad social de la profesión es enorme y, por ello, el Estado debería esforzarse para mejorar la calidad de estos profesionales.  

Ecuador, con una población de 17 millones de habitantes tiene 23 escuelas de medicina, es decir, una facultad médica por cada 739 mil habitantes. En EE.UU. hay 175 escuelas de medicina para una población de 320 millones, o sea, una escuela de medicina por cada 1 millón ochocientos mil habitantes.

En Francia y Alemania, la situación es semejante a la de los EE.UU., es decir, una escuela médica por cada casi 2 millones de habitantes. Obviamente hay un exceso desbordante de facultades de Medicina en el país y ello es negativo si se tiene en cuenta que ya hay un exceso de médicos en Ecuador.

La enseñanza de la medicina, en cualquier nación, es compleja. Requiere recursos, vocación, responsabilidad, relaciones con hospitales y centros de atención primaria de salud, seguimiento a los alumnos y evaluación concienzuda de su progreso. Esto es imposible con un exceso de alumnos.

A pesar del exceso de escuelas de Medicina, no es recomendable el cerrarlas porque ello produciría un problema semejante al del cierre de las universidades que provocó el gobierno anterior, generando zozobra en decenas de miles de estudiantes,  muchos de los cuales nunca terminaron sus estudios.  Lo lógico es establecer, con criterio y estudio, el número de médicos que requiere nuestro país y, en función de ello,  determinar cupos para que distintas escuelas de Medicina admitan el número apropiado de estudiantes.

La masificación estudiantil es perniciosa y solamente conduce a la mediocridad que estamos evidenciando. El gobierno anterior, a través de las instituciones de regulación de la Educación Superior, se dedicó a hostigar, perseguir y amedrentar a las universidades. Sin embargo, careció del criterio para estudiar la real necesidad del número de médicos y otros profesionales en el Ecuador.

Es hora de corregir este problema pues es imperativo que la calidad de la educación médica y de otras profesiones mejore. (O)

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