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El Telégrafo
Tatiana Hidrovo Quiñónez

De animales a dioses

19 de septiembre de 2019 - 00:00

De animales a dioses es un libro escrito por Yuval Noah Harari, historiador de Oxford, que llegó a mi mesa venciendo las dudas. A estas alturas ya se habrán dado cuenta de que creo fielmente en la historia como un método para proyectar el pasado en el espejo de la coyuntura, e interpretarla a fin de soñar sobre el porvenir de nosotros y nosotras.

En el libro en cuestión se cuenta la historia de los 100.000 años en los que, desde una condición biológica natural, nos convertimos en seres de una dimensión artificial. Fuimos unos animales sin importancia, Homo sapiens con algunas salpicaduras de neandertales.

Pero hace 70.000 años ocurrió una transformación cerebral-cognitiva que generó en nosotros la capacidad única de “chismorrear”, de la que se derivó la retórica, recurso sine qua non del animal político; también la “ficción legal” y por supuesto la capacidad de codificar la realidad e imaginarla. Sobrevino posteriormente la revolución agrícola y cierta cultura europea concibió la idea de imponer un orden económico-legal imperial en todo el mundo, que dio nacimiento al colonialismo y capitalismo.

La capacidad que tenemos los humanos para imaginar mundos paralelos ficticios se registra en un dato contundente: en 2006 la suma total del dinero del mundo era de $ 473 billones, pero los billetes que realmente existían solo alcanzan $ 47 billones. El resto era solo un relato de ficción escrito en números reflejados en pantallas luminosas, en los que tenemos confianza porque funcionan como códigos del “credo capitalista”, una religión que se practica en casi todo el orbe.

Tuve suspicacia sobre la obra de Noah Harari alrededor de si se trataba de una vuelta a la historia universal eurocéntrica, tal vez un enjuague de la misma en momentos en los que las identidades nacionales pierden fuerza y es notoria una especie de plan para instaurar gobiernos globales.

Aunque el metarrelato peca de eurocentrismo, es recomendable, porque identifica los grandes cambios biológicos y culturales en el largo recorrido de una especie, que desde su condición de animal se convirtió en dios insaciable, capaz de cambiar las leyes de la vida en busca del poder y la felicidad química. Jugamos a ser dioses, dice el autor, pero “¿hay algo más peligroso que unos dioses insatisfechos e irresponsables que no saben lo que quieren? (Noah Harari, 2018). (O)

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