Atracción por la lectura

- 18 de febrero de 2020 - 00:00

Es sabido que los buenos y también los malos hábitos se los adquiere primero en la casa y complementariamente en la escuela.

Hoy quiero abordar el tema de la lectura como un hábito saludable que debe crearse en el hogar y fortalecerse en las aulas. Los papás y las mamás (es una tarea compartida) pueden estimular el hambre por enterarse de lo que se dice en los libros, la posibilidad de conocer historias increíbles, para conformar sociedades lectoras, curiosas, creativas.

La lectura debe ser primordialmente recreativa: introducir al niño en ese mundo fantástico, no como una obligación que luego se traduce en una serie de preguntas preestablecidas por los maestros, sino en resaltar el disfrute que se desprende de esas historias contadas o leídas al calor de la cama, cuando se lleva a los niños a dormir.

Sabemos también que los primeros años son fundamentales en las capacidades que se adquieren. A veces esos años se pierden por la poca atención que se les presta a los niños; pero esa oportunidad vuelve a presentarse cuando los adolescentes empiezan a sentir el cosquilleo de la curiosidad entre los 14 y 16 años; tiempo en el que se puede captar nuevos lectores en los colegios y en las casas.

Discrepo con muchos profesores de literatura, que obligan a sus estudiantes a leer a los clásicos, que seguramente serán del gusto de lectores formados, pero no de neo lectores.

Estimular a los mejores lectores a través de concursos que tengan como premios libros a los que se harán acreedores. Buscar no solo lecturas para las clases de idioma nacional o gramática, hacerlo en casa asignatura, porque seguramente la lectura desempeñará un importante factor a la hora de la compresión lectora. Hay una serie de iniciativas válidas como jugar al “picnic de libros”, lecturas en voz alta, hacer que cada uno cuente historias; pero lo más importante es predicar con el ejemplo: que tanto maestros como padres tengan libros en las manos, siempre, o al menos de tanto en tanto.

La autonomía que cada centro tiene para construir currículas, manteniendo los estándares básicos, puede también beneficiarse de lecturas compartidas, que permiten que se ilustren los temas y se comprendan más y mejor. (O)

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