El azufre y la Madre Dolorosa

- 07 de septiembre de 2019 - 00:00

“Un poquito más alto, don Diego”. Y le insiste: “Un poquito más alto”. Son las palabras de Lasso refiriéndose a Correa y sus índices de popularidad. Claro, si Correa está en Ecuador, pero como está huido, con dos órdenes de prisión a cuestas y muchas otras que están en camino, la presencia electoral de Correa es complicada.

Pero eso no ve ni se da cuenta: Lasso se refiere a Correa como un héroe, como un ser invencible, inderrotable. Lasso es un indefinido. En las anteriores elecciones presidenciales denunció un escandaloso fraude electoral, acusando al correísmo de tremendo perjuicio a la democracia y a las elecciones libres y transparentes, ahora dice que Correa es el gran favorito para ganar de nuevo la Presidencia.

Lasso sigue siendo banquero; los banqueros siempre ganan: el negocio de la banca es ganar y ganar con el dinero de otros. En el negocio de la banca no hay generosidad sino captar dinero y multiplicarlo es provecho de los banqueros. El banquero Lasso gana: el político Lasso pierde ante el regreso del azufre.

Lasso desespera y lo peor es que lo muestra ante todos. Ahora es aliado de Correa. Entonces que lo haga su binomio: Lasso presidente, Correa vicepresidente. En política, todo es posible. Y es una posibilidad esta alianza entre el azufre y el rosario de la Madre Dolorosa.

Para escribir ese texto me he vestido una camisa negra. Y no sé por qué veo coincidencias entre lo oscuro y este canto perverso de lo indigno con lo frágil de la cabeza de medusa que escupe serpientes y congela mirada de los impíos. Lasso y Correa juntos es impío.

Lasso olvida que el correato sembró de corrupción y miseria a Ecuador entero. Olvida que Correa persiguió a la prensa libre, a opositores y que lideró una banda de ladrones que saqueó el país. Correa mintió, persiguió, condujo a Ecuador al fracaso y la ignominia.

Lasso debe decir que la supuesta popularidad de Correa es un mal terrible, que la posibilidad de que Correa regrese al poder es encaminarnos a la experiencia venezolana. Lasso pierde su compostura y se pone al lado del absurdo y la fatalidad. Repito: es como juntar el azufre y el rosario de la Madre Dolorosa. (O)

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