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Fander Falconí

Las industrias rentables: ‘economía-ficción’

02 de septiembre de 2015 00:00

Para la economía tradicional, la rentabilidad mide la relación entre la ganancia obtenida y la inversión utilizada para obtenerla. Una industria es rentable cuando genera mayores ingresos que egresos… pero ¿para quién? Para el capitalista, llámese patrono o inversionista. Este punto de vista no toma en cuenta el beneficio o la pérdida para la sociedad. Pero, además, descubre otra falencia de la economía convencional: su miopía aislacionista. La economía no es un juego de salón, es parte de una realidad. Y esta realidad es esencialmente planetaria. Eso no se toma en cuenta al calcular la inversión requerida para producir determinados bienes.  

Las Naciones Unidas auspician el programa ‘La economía de los ecosistemas y de la biodiversidad’ (TEEB, por sus siglas en inglés), el cual encargó una investigación a Trucost (expertos en datos ambientales). Este estudio examinó los ingresos obtenidos por las mayores industrias del planeta, para contrastarlos con 100 tipos diferentes de costos ambientales. Para simplificar, agruparon las 100 categorías en seis: el uso del agua, el uso del suelo, las emisiones de gases con efecto invernadero, la contaminación por desechos, la contaminación del suelo y la contaminación del agua.

Con estas reglas más realistas, ninguna de las grandes industrias está generando ganancias. Las industrias que suelen calificarse de exitosas estarían en quiebra, si tuvieran que pagar el daño ambiental que están causando. Esas industrias están sacrificando la sustentabilidad ambiental en aras de mantener contentos a sus accionistas.

Por ejemplo, sobre la escasez de agua en California, Estados Unidos, podría filmarse un documental más cruel que la película Chinatown (1974, Polanski); porque la realidad supera a la ficción. La multinacional Nestlé extrae toda el agua que quiere de esta tierra árida, para luego venderla a los afectados por las sequías.
Dos industrias son las más contaminantes: las que utilizan en forma intensiva recursos naturales (hidrocarburos, carbón, cementeras) y las de carne. Las primeras están esencialmente en el hemisferio norte (con China y Estados Unidos a la cabeza), mientras las segundas son más abundantes en el Sur, lideradas por Sudamérica y Asia del Sur. Ese vergonzoso honor explica la deforestación en nuestro continente, ejecutada para aumentar los pastizales y liquidando la biodiversidad.  

Si estas empresas tuvieran que pagar los costos ambientales, ¿a cuánto ascendería el daño? Un ejemplo, la industria de carne causa un daño ambiental equivalente al 710% de sus ingresos. Todo esto sin cuestionar la valoración monetaria del costo social y ambiental realizada por el TEEB, pues, en muchos casos, se minimizan los daños acumulativos en el tiempo.

La mayoría de las industrias consideradas como las más rentables, en número y en volumen de producción, están en el Norte. Y aunque no llegan a esa cifra brutal ya mencionada de 710% de costos de daños ambientales en relación a sus ingresos, los porcentajes de tres de ellas son increíbles: trigo, 400; cemento, 120; carbón, 110; acero, 60.  

Si las industrias no son rentables, al tomar en cuenta el costo ambiental, nosotros, como consumidores, sí podríamos hacer rentable nuestra protesta. (O)

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