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José Gonzalo Bonilla

Las dos caras de la moneda

07 de octubre de 2021 00:07

El dirigente indígena llegó con una hora de retraso a la reunión con el presidente Guillermo Lasso. A su entrada, Leonidas Iza, con paso y comitiva propios de un monarca.  Soñando que era dueño de casa, pisó el palacio presidencial haciendo sonar los tacos de sus botas. Todo parecía indicar que su ánimo no le había llevado para arribar a consensos.

Ya se avizoraba que, saliendo de Carondelet, tenía la urgencia de convocar a un levantamiento indígena el próximo 12 de octubre y comenzar a preparar su candidatura presidencial en tres años y medio que faltan.

Su objetivo parecía no dirigirse a contribuir con propuestas encaminadas a resolver la crisis económica que atraviesa el país.  Sus matemáticas, por el momento, pretenderían consolidar un liderazgo en la izquierda electorera. Por ello, presentó como los dos grandes temas en disputa: el precio de la gasolina y la política extractivista.

Pero de la problemática nacional en su conjunto, nada.

Aunque llegó casi con un centenar de miembros de la comitiva, no permitió la participación de otros representantes de las comunidades indígenas. Esto no refleja nada más que su espíritu autoritario y antidemocrático que le caracteriza.

Esto último, generó molestias en líderes como Javier Aguavil, presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Costa (Conaice). El líder costeño le reclamó que desde el inicio no hayan sido tomados en cuenta en las decisiones adoptadas. También criticó la falta de propuestas para presentarse al diálogo. Su posición contrasta con la de Iza y sus allegados. Aguavil prefiere mantener distancia y con ello generar un nuevo liderazgo más conciliador y productivo.

Los pueblos indígenas del litoral podrían estar despertando al dirigente mariateguista de sus sueños de perro cuando le dicen a él y al resto del movimiento: “Nosotros, como Costa, vamos a seguir en la dinámica de buscar soluciones para todos los ecuatorianos que, obviamente no estamos listos para una paralización, porque recién nos estamos activando”.

¿Pero qué pasa si damos la vuelta a la moneda? Me temo que la posición gubernamental ha puesto los caballos tras la carreta.

La primera acción del gobierno, luego de diez años de preparación, debía haber sido la consulta popular. No han variado los problemas y, por lo tanto, tampoco las preguntas. El haberse demorado en la consulta, pone en juego el capital social y político logrado con la campaña de vacunación. Debió de haber aprovechado los altos índices de credibilidad propios de un gobernante que había acabado de ganar las elecciones y crecido aún más con los resultados de la lucha contra el covid.

El gobierno no puede quedarse dormido en los laureles de la salud. En la Asamblea, se halla en desventaja numérica; en el aparato burocrático sobreviven los cuadros técnicos leales al correísmo; las estrategias de comunicación hacen aguas; la necesidad de disminuir el tamaño del Estado generará descontento; la ley para generar el empleo no cuenta con la aceptación mayoritaria y los imperativos de la política económica requieren de mayor comprensión y aceptación ciudadanas.

Se torna importante ver las dos caras de la moneda. Un movimiento indígena dividido y un gobierno solitario y chantajeado.

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