La violencia nunca es una buena solución

- 18 de abril de 2018 - 00:00

El trágico secuestro y asesinato de los periodistas del diario El Comercio ha despertado dos posiciones paralelas que se han vuelto comunes en el discurso político y social ecuatoriano: uno loable, de profunda empatía, solidaridad, y unión; y uno que usa el odio político y la venganza como solución a la coyuntura. La primera viene acompañada de sensatez; la segunda de violencia desmedida. Si alguna lección nos debería dejar 50 años de conflicto en Colombia es que la segunda opción no acaba ni rápido ni bien.  
La zona fronteriza en el norte es tan compleja como olvidada. El conflicto ha mutado, tanto en motivación como en método. No se ha solucionado con base en la intensidad militar y la violencia, porque no es un conflicto tradicional, donde hay bandos marcados, con bases establecidas y comandos centralizados. Es uno donde sus actores están en guerra contra el Estado, entre ellos, y atravesados por el narcotráfico.

Responsabilizar al Gobierno anterior del estado actual de la frontera por “desmantelar” las FF.AA. es inexacto e irresponsable. Inexacto, porque en la última década se incrementó la inversión y las asignaciones presupuestarias en defensa. Irresponsable, porque despoja de un importante contexto al problema y lo reduce a una cuestión de presencia, intensidad y violencia militar.

Colombia tiene más del doble de efectivos militares por habitante que Ecuador. Son cerca de 265.000 frente a los 41.000 ecuatorianos. Si fuera una cuestión de capacidad militar, Colombia debería tener control sobre esa zona. Si fuera cuestión de fuerza militar, Colombia no se habría tardado más de 50 años (y contando) en neutralizar el conflicto. Si la solución fuera tan simple como mano dura y violencia, Colombia no tendría un problema de “falsos positivos”. Pensar a la situación actual solo como un problema de guerrilla o terrorismo es desconocer la evolución que ha tenido el conflicto. Sí, hay un problema de guerrilla y paramilitarismo, pero el problema apremiante es uno de narcotráfico y criminalidad.  

La situación en la frontera es un problema de seguridad, pero también es un problema social y económico más amplio relacionado al narcotráfico y la falta de presencia estatal. Requiere ser abordado de manera integral: tanto desde lo militar como desde lo social. Pero antes que nada, se necesita un liderazgo dispuesto a entenderlo de esta manera y a transmitir su mensaje en este sentido. Dudo que Moreno quiera resolver un problema tan complejo con la simplicidad (y la poca efectividad) de la violencia, pero su liderazgo debe cambiar, y rápido, si no quiere que se la vaya de las manos. (O)