La unidad nacional del pueblo ecuatoriano y sus enemigos (2)

17 de marzo de 2012 - 00:00

Si en uno o en diversos lugares, los más poderosos sueños son los individualistas, particulares y egoístas, como si fuera una competencia de todos contra todos, considerando a cada quien como un enemigo, es una lucha entre tuertos que a largo plazo se convertirán en ciegos. Einstein decía que “no sabría quién ganaría la tercera guerra mundial, pero la cuarta será a piedras”.

Si los sueños, objetivos e intereses comunes de las comunidades, las naciones y de la humanidad no prevalecen con relación a los intereses egoístas, privados y egocéntricos, continuaremos en el camino de la destrucción de los seres humanos y del planeta.

La unidad indestructible del pueblo ecuatoriano -respetando su diversidad e interculturalidad-, el desarrollo integral y derechos de cada una de las personas, en armonía con la naturaleza y un desarrollo sustentable y sostenible, es el esfuerzo de mayor importancia que en el presente debemos realizar todos los que vivimos y amamos la República del Ecuador.

La unidad es fundamental para alcanzar cada día mejores niveles de bienestar y felicidad, con la esperanza de que nuestros mayores sueños comunes se hagan realidad.

Para que los fines, objetivos y propósitos se cumplan, se requiere que los diversos componentes que forman parte de nuestro país (naturales, materiales, físicos, mentales, emocionales y espirituales) se encuentren alineados, interconectados y en armonía, para que cada uno cumpla su función (todos son importantes) y funcionen como un equipo, un sistema holístico, que es mucho más que los elementos aislados y la suma de sus elementos.

La integración y coordinación de sus elementos hace que los resultados se multipliquen. El aislamiento, la separación, división y el desarrollo desigual de sus componentes producen el debilitamiento y pobreza de los resultados.

La unidad es un instrumento o medio para hacer realidad los sueños u objetivos comunes de un grupo, de una comunidad, de la patria chica o grande (de Sudamérica, Latinoamérica y el Caribe, los del Sur, el Tercer Mundo y la nueva humanidad), excluyendo a los pocos, pero muy poderosos grupos, internos y externos, que dominan las sociedades.

Si conviven explotados y explotadores, corderos y lobos, amantes y destructores, no puede producirse la unidad nacional si continúan siendo explotadores, lobos y destructores. Unámonos para que 1, 8 o 20 personas o países no decidan contra los pueblos y la humanidad.