La tierra de Carapaz

- 29 de octubre de 2020 - 00:00

Ahora, que miramos las hazañas de los ciclistas carchenses por el mundo –especialmente de Richard Carapaz-, deberíamos conocer algo más de su tierra. Por lo demás, no es posible entender esa aparente facilidad en las cuestas, en las competiciones, sin atisbar su geografía y sin saber su historia no se explica su tesón. Aquí, un acercamiento.

Contemplar los matices de los sembradíos en las colinas es una fiesta para los ojos. Como si se trataran de grandes lienzos que ascienden hasta las montañas, esta luminosidad de la naturaleza va desde un verde esmeralda de los pastizales hasta la intensidad del verde de los bosques, que se pierden en un estallido de nubes. Los páramos y los bosques constituyen el 92 por ciento de la superficie provincial de 3.605 km2 y una población de 152.939 habitantes, según el último censo, aunque el 50% de su población ha migrado.

En Carchi hasta el frío es intenso, con temperaturas de 10 a 12 grados centígrados, aunque tiene zonas, como las bajas en la Cuenca del Mira, a 1.400 m.s.n.m., o Tobar Donoso a 300. Esta geografía agreste, donde únicamente el 8 por ciento es planicie, acoge a un pueblo de una religiosidad que se desborda, porque está íntimamente vinculada con el agro, no exento de antiguos conflictos pero también de una férrea unión de sus habitantes. El aislamiento histórico, curiosamente, produjo un sentido de imaginario de lo “carchense”.

Está presente el imaginario de las mingas provinciales, que constituyen parte del Patrimonio como “pueblo minguero por excelencia”. Se lee en un periódico del 14 de agosto de 1947: “La mayoría, casi la totalidad de las vías carrosables que unen a los pueblos de la provincia del Carchi, deben su ejecución al sacrificio de sus propios hijos”.

Se refiere al intenso trabajo realizado por los carchenses para unir con una carretera las ciudades de Ibarra y Tulcán, en una empresa auspiciada por el Ministerio de Obras Públicas de la época y que contó, en jornadas de hasta 15.000 personas, con el fervor de la provincia. Por algo Carapaz no olvida sus orígenes en El Carmelo. (O)

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