La mejor comida do mundo

09 de abril de 2011 - 00:00

Una reciente visita a dos estados de Brasil: Rio Grande do Sul y Santa Catarina, confirman que el turismo bien desarrollado va mucho más allá que lindos paisajes y grupos éticos, de ambos hay en todo lado, en el sur de Brasil existen ciudades que parecen extraídas de Europa, donde sus habitantes aun hablan alemán o italiano, usan vestimentas típicas y muestran los bailes traídos del viejo continente hace más de cien años.

Lo que realmente encanta de estos sitios y los torna inolvidables es la comida, un elemento recurrente en un viaje, comemos hasta cinco veces al día, en tanto que el paisaje o el traje típico es cuestión de unas cuantas fotos.

Quizá uno de los sitios de América donde está la mejor comida es precisamente el sur brasilero. Los alemanes e italianos que poblaron estas tierras, donde no hubo conquista ni guerras independentistas -no hay resentimientos contra Europa, más bien nostalgia y afecto- trajeron sus hábitos alimentarios propios de países con cuatro estaciones, donde los crudos inviernos exigían procesar todos los alimentos posibles durante la cosecha.

Si se quería tener verduras en el invierno, había de ponerlas en vinagre;las frutas tenían que deshidratarlas, hacerlas mermeladas o ponerlas en almíbar; la leche se convertía en gigantescos quesos maduros; la carne se secaba, curaba con nitritos, ahumaba y transformaba en prácticos embutidos cocidos o crudos, que darían sustento a la familia en el largo invierno, un forzado encierro utilizado para pensar cómo mejorar los próximos procesos de siembra y cosecha, es decir, se creaba tecnología que mejore su calidad de vida, se acostumbraron a planificar, pensar a futuro, experimentar con los productos preservados e inventar propuestas gastronómicas que se estrenarían en la primavera.

La presencia del refrigerador no hizo olvidar estos hábitos de procesar, al contrario, los deshidratados, ahumados, curados y madurados, aplicados a la abundante y variada producción de las tierras brasileras, con la mixtura de técnicas alemanas, italianas -y otros grupos- dio por resultado una gastronomía que fusiona lo mejor de América y Europa, siendo el sur de Brasil uno de los sitios turísticos que más atrae en el mundo,  fascina y cautiva por su limpieza, orden y la excelente vida de sus campesinos que venden parte de sus productos frescos a buen precio y el resto lo procesan en otros productos que les siguen generando dinero y sustento digno.