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El Telégrafo
José Gonzalo Bonilla

La kakistocracia 0 el gobierno de los peores

20 de octubre de 2022 - 00:00

Norberto Bobbio en El Futuro de la Democracia señala que a lo largo de la historia de la filosofía política de forma permanente apasionante aparece la pregunta: "¿Cuál es el mejor gobierno, el de las leyes o el de los hombres?." Siempre ha estado presente la discusión sobre la mejor forma de gobierno y su consabida contraposición entre la monarquía, la aristocracia y la democracia.

Cada una de estas formas tiene su arista negativa, la monarquía en la tiranía, la aristocracia en la oligarquía, la democracia en la ocloracia o gobierno de la plebe. En la base de esta división se halla la distinción entre un buen gobierno de un mal gobierno. Bobbio recuerda los filósofos clásicos en sus textos políticos: Platón y Aristóteles.

Platón, en el diálogo Las Leyes, hace una revisión pesimista de la República crítica a esta cuando “la ley está sometida a los gobernantes y carece de autoridad, lleva a la pronta ruina de la ciudad En cambio, donde las leyes señora de los gobernantes y los gobernantes son sus esclavos, la salvación de la ciudad”.

En contraste con su maestro, Aristóteles La Política defiende la posibilidad de un buen gobierno dado por la calidad de los hombres que lo sobre el espíritu de las leyes.

Para el caso del Ecuador, se cuenta con un espíritu tan maleable y permisivo dado en la Constitución del 2008. Se podría decir que esta, es el origen de todos los males y vicios de una democracia que no alcanza a despegar. Para muchos ciudadanos ilustrados, la única salida que tiene el país es demoler esas leyes recogidas en el corpus constitucional pervertido.

Si a más de lo afirmado, el país no cuenta con un marco constitucional y todo su cuerpo de leyes, lo único que ha permitido es que el caos, la anomia y la impunidad estén al servicio de los peores.

Siguiendo la línea de los filósofos griegos, queda la pregunta por quiénes y cuál es la calidad de los gobernantes. Si nos guiamos por las encuestas, ninguno de los que componen cualquiera de las funciones del Estado gozan de credibilidad, prestigio y valoración. Un legislativo, que no ha gobernado en favor de los grandes intereses del país sino en beneficio de las empresas electorales en las que se han convertido los partidos políticos. El judicial, en su mayoría, conformado por abogados, muchos de ellos herederos del correísmo. Y un ejecutivo cooptado por cuadros técnicos del correísmo y que garantizan la inercia en la que se mantiene.

Como ejemplo de lo anotado hemos presenciado cómo el 7% de la población con ecuatoriana conformada por los indígenas son los verdaderos gobernantes. Son ellos que a través de la fuerza se ha impuesto a un gobierno débil que no ha podido concretar su agenda social y económica con la que la mayoría del pueblo ecuatoriano los eligió.

Un gran sector de la ciudadanía se pregunta acerca del porqué no consultó el presidente Lasso, si los ecuatorianos estaban de acuerdo con los 218 acuerdos dados en el famoso “diálogo con pistola” impuesto por a CONAIE. Siendo equitativos, el 93% de los ecuatorianos deberían tener el mismo derecho de los indígenas de consultar a “sus bases”.

El Ecuador ha entrado en una forma de degeneración de la democracia conocida por los filósofos griegos como oclocracia o gobierno de la muchedumbre.  

En el Ecuador se ha instaurado la kakistocracia, es decir, el gobierno de los peores. Superó esa degeneración de la democracia llamada oclocracia.

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