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Edwin Hidalgo

La cacería de brujas

28 de octubre de 2021 00:17

Entre la mal llamada noche de brujas (Halloween es en inglés una forma corta de All Hallows Evening, víspera de Todos los Santos)  y la cacería policial en nuestro país, no a los delincuentes sino a los disidentes, me acordé de la cacería de brujas protagonizada por un oscuro personaje estadounidense, McCarthy. En la II Guerra Mundial, Estados Unidos y la Unión Soviética fueron aliados en la gran guerra espiritual contra el fascismo. Pero el final, aunque fue un triunfo para la humanidad, fue también el inicio de la guerra fría entre las dos superpotencias. Los beneficiados fueron, paradójicamente, los países agresores, Alemania y Japón, los cuales recibieron fuertes capitales estadounidenses para actuar de colchones contra los soviéticos. Estos, por su lado, cortaron todo contacto con Occidente a países como Checoslovaquia y Polonia, cuya cultura estaba ligada a Francia e Inglaterra. En ese contexto de odio silencioso, surgió en Estados Unidos un Torquemada que parecía un cuervo criado por Hitler.

Joseph McCarthy venía de la bancada republicana que había causado la crisis de 1929 y odiaba al presidente demócrata Franklin Roosevelt, cuya inversión multimillonaria en obra pública en los años 30 convirtió a Estados Unidos en la primera potencia mundial. Durante la guerra, McCarthy sirvió en la infantería de marina pero nunca estuvo en combate. Eso no le impidió en 1946 presentarse como un héroe de guerra y ganar una curul parlamentaria. Como era un legislador mediocre, en 1950 se inventó una lista de políticos demócratas que eran, según él, comunistas, homosexuales o violadores. Acusó luego de comunistas a célebres científicos  y famosos actores como Oppenheimer y Chaplin. Cuatro años sufrió Estados Unidos la cacería de brujas, al estilo de la edad Media, hasta que el audaz mediocre se metió con el ejército. El servicio de inteligencia demostró que McCarthy era un pobre mentiroso, ansioso de fama pero carente de cerebro. Fue expulsado del senado en 1954 y murió alcoholizado en 1957.  Sic transit gloria mundi.

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