La bruja de la Torre de Oro

- 07 de junio de 2018 - 00:00

El tío-abuelo Néstor era el encargado de los cuentos. Era necesario para captar la atención de quienes, durante toda la noche, atizaban el fuego del horno para fabricar ladrillos. Allí, el cuentero del pueblo -mi pariente- relataba las asombrosas aventuras de las brujas voladoras del triángulo de Mira-Pimampiro-Urcuquí, quienes se elevaban por los aires y transformaban a sus amantes en gallos.

Había una fórmula infalible: “De viga en viga / de villa en villa / sin Dios ni Santa María”. Este mito, con igual magia, lo escuché del abuelo Juan José, que vivía ya en la ciudad y donde los duendes habían sido espantados por la luz eléctrica, según decía. Así escuché de las aventuras de Pedro Urdemales, que engaña al diablo, un relato oral que data del medioevo español y que llegó también en carabela.

El aquelarre (palabra vasca) de las brujas era mi leyenda favorita. ¿Hay relación entre las brujas ibéricas y las norandinas de Ecuador? En uno de los mitos se señala que un jorobado, al completar la canción de las magas, recibió como recompensa la eliminación de su promontorio y, además, una bolsa de oro. En la página 156 del libro Vida mágica e Inquisición, de Julio Caro Baroja, se informa: “En España han sido especialmente considerados como punto de asamblea de brujas los campos de Cernégula, donde iban las de la montaña de Santander, en la provincia de Soria o en Galicia. Fama incluso documentada por proceso inquisitorial de 1610 conocidísimo, es la del prado de Berroscoberro, contigua a la impresionante cueva de Zugarramurdi, en el extremo norte de Navarra”.

El hecho importante, recogido por Baroja, es la invocación para volar: “De villa en villa, sin Dios ni Santa María”. Curioso, es la misma invocación que usan las brujas de estos lares. Según la mitología ibérica, todos los sábados, las brujas de Cantabria, tras churrar en las cenizas del hogar y al grito de “¡Sin Dios y sin Santa María, por la chimenea arriba!” parten volando transformadas en cárabos. Hay una bruja también en Sevilla, al pie de la Torre de Oro, que aguarda bajo la luna. (O)

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