La Academia de Ciencias del Ecuador

- 22 de febrero de 2015 - 00:00

En febrero de 2013, la Senescyt aprobó los estatutos de la Academia de Ciencias del Ecuador (ACE), una asociación sin fines de lucro, de científicos que viven o no en el país, y que tiene el propósito de congregar a personajes destacados en la investigación en las diversas ramas que la conforman: Ciencias de la Vida, de la Tierra, Ciencias Exactas, Químicas y Sociales.

Las academias de Ciencias en general y la ACE en particular tienen como finalidad promover y difundir las investigaciones nacionales, así como el desarrollo tecnológico, también interesa a la Academia y a los académicos intercambiar material científico y tecnológico, colaborar con el sector público y privado, así como promover el talento humano, la implementación de tecnologías, velar por la calidad de la investigación y de su ética, y alentar los eventos científicos.

Una vez conformada la ACE, le toca involucrarse en los temas de interés social. Deberá preocuparse de aspectos de interés nacional y mundial, tendrá que opinar sobre temas complejos que merezcan explicaciones científicas. Una Academia para que tenga presencia y marque diferencias tendrá, por propia iniciativa, pronunciarse en temas, incluso, conflictivos, y tendrá que hacerlo porque el quehacer científico promueve posicionamientos. La ciencia por sí misma es liberadora, destruye mitos, cuestiona tradiciones, fundamenta acciones, por tanto, una Academia y los académicos construyen caminos sociales dentro de la racionalidad lógica de la ciencia y del racionalismo experimental.

Suponer que la aparente neutralidad y apolitismo de la ciencia es una condición necesaria para su progreso no es real. La ciencia toma partido, y lo que se debe propender en una Academia de un país que está haciendo esfuerzos por salir adelante, es que sus miembros y la Academia, en conjunto, tomen posicionamientos sobre las investigaciones peligrosas o para la guerra, sobre la injusticia del poder que impone la tecnología en pocas manos, sobre las finanzas que priman sobre el bienestar humano, sobre los propietarios del conocimiento y todo cuanto sea confuso para la nación y la humanidad. Una Academia deberá buscar el mejor camino para garantizar el acceso al conocimiento de manera comprensible para las personas y luchar porque el derecho al conocimiento sea su visión rectora.

En Ecuador hay muchos temas que gobiernos, instituciones, gremios y personas deberían  consultar con las academias y estas deben resolverlos, convirtiéndose en verdaderos asesores y, de alguna manera, líderes del progreso.

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