Para Julissa

- 16 de diciembre de 2019 - 00:00

Quiero decirte que cuentas con un amigo y por eso te escribo esta carta. Seguro los primeros días fueron difíciles porque sentiste que tu intimidad había sido violada. Sé que la peor parte vino después, cuando un conglomerado de lenguaraces, que no te dan de comer, que no forman parte de tu vida, a quienes no debes ninguna explicación, empezaron a difundir los actos de tu vida privada.

Darte cuenta de que la humanidad no es más que una jauría de hienas es la decepción más grande que uno se lleva en esta vida.
Afortunadamente tú y yo sabemos la verdad. Tenemos claro que casi todas quienes te criticaron nacieron gracias a que, con posterioridad a un juego previo en el que sus madres hicieron lo mismo que tú hiciste, copularon con sus padres y de ahí nacieron.

No dudamos que casi todos los que te atacaron en realidad están frustrados tras tantas danzas a la distancia que han visto en su calidad de baboso consumidor. Amiga Julissa, lo que tú hiciste es normal, es humano, ocurre todos los días. Tu único error fue haber subestimado la perversidad humana.

Pero ahora es momento de edificar en el orificio que cavaste. Por eso quería contarte cómo funciona este pequeño país: ¿qué estudias? No, no me lo digas, en realidad no importa. Lo importante no es tu background de conocimiento y sabiduría, sino tu escándalo, el cual, créeme, te puede llevar hasta Carondelet.

No importan tus valores o tus capacidades, hoy eres un referente de nombradía para una masa amorfa que está desenchufada de la realidad, que te enaltece por sobre los descubrimientos científicos o nuevas obras literarias. Tú puedes llegar más lejos que cualquier PhD o sacrificado trabajador, pues en este terruño no se necesita nada más el protagonismo en la nebulosa para gobernarlo.

Verás nacer una nueva generación de manabas llamadas Julissa; conocerás en centros comerciales a niños que suplicarán tomarse fotos contigo; tendrás ofertas de nuestros canales de televisión de primer mundo.

Amiga mía, es hora de triunfar en este caserío donde se valora el humo y no el roble de la pipa. Es momento de hacerte fuerte en una democracia débil, donde el grueso del voto no tiene masa gris, sino excrementicia. Es hora de dar pasos hacia adelante y no olvidar que ahora todo este país, de hijos del yugo, depende de ti.

Cordialmente,
Un amigo pesimista-existencialista. (O)

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