Julian Assange: el fin del fiasco

- 14 de abril de 2019 - 00:00

Ha concluido un episodio de vergüenza para el Ecuador, el asilo político otorgado en Londres, al delincuente informático, el australiano Julian Assange.

Fue en el apogeo de la embriaguez de poder que el gobierno anterior expulsó a la embajadora de los EE.UU. en Ecuador por el contenido de mails enviados por ella y que fueran revelados en acto doloso por Wikileaks, la organización de Julian Assange. El Presidente anterior, inequívocamente revelando carencia de juicio, expulsó a la diplomática, como para demostrar al mundo qué corajudo es.

En otra revelación de su errática conducta, Rafael Correa, que demostró intolerancia con los medios de comunicación independientes, que demandó por millones de dólares a un diario guayaquileño, que creó la amordazante Ley de Comunicación, se convierte en defensor a ultranza de Assange bajo el argumento de que protege el derecho a la libertad de comunicación de la que supuestamente hacía gala el pirata informático.

En medio del delirio del socialismo del siglo XXI, el gobierno de Correa le otorga a Assange un asilo en la embajada nacional en Londres, cuando el delito sexual por el que se le había acusado, en Suecia, era común y no político. En el confabulador delirio,

Correa se inventa que el asilo se otorga para proteger la vida del adalid de la libertad de expresión, quien sería, supuestamente, condenado a muerte en EE.UU. La goebbeliana repetición de esta farsa, por mil veces, se desvanece por absurda. E

El pirata informático tuvo un comportamiento infame. Pese a que el asilo le impone el deber del silencio y de abstenerse de cualquier participación política, Assange siguió espiando, participó en elecciones, arengó la causa del separatismo catalán, maltrató al país y; como premio, la entonces Canciller, del actual gobierno, María Fernanda Espinosa, en un acto de desproporcionado cinismo le otorgó la nacionalidad y le concedió rango diplomático.

Tremendamente tardía la decisión de retirar el asilo a Assange. Ecuador fue el medio de Assange para su causa y Assange fue el medio de Correa para la suya. En buena hora, el fiasco terminó. (O) 

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