El odio en redes: un reto ciudadano

- 14 de septiembre de 2019 - 00:00

La incidencia que internet y las nuevas tecnologías tienen en la sociedad es cada vez más evidente. En ese ámbito, las redes sociales llegaron para alterar aún más la vida del ser humano, marcando un antes y un después en las formas de comunicación que tienen las personas con su entorno.

No es novedad manifestar que la sociedad mantiene una relación de dependencia con las plataformas digitales, por las facilidades que permiten en varios ámbitos de la vida cotidiana.

Existen, sin embargo, elementos negativos en torno a este tipo de plataformas, como la pérdida de privacidad, el deterioro de las relaciones interpersonales, la difusión de información falsa, linchamiento o el aumento de mensajes y comentarios que incitan al odio y la discriminación por parte de haters (odiadores) hacia determinados colectivos.

El discurso del odio (hate speech) hace referencia a aquellas expresiones que propagan, incitan o promueven el odio racial, la xenofobia u otras formas de resentimiento basadas en la intolerancia, la discriminación y hostilidad contra las minorías e inmigrantes.

El odio, como un sentimiento de rechazo, se convierte en un acto de violencia y discriminación en contra de personas o grupos determinados, conducta que puede motivar al inicio de acciones penales, de existir una denuncia del agraviado o su colectivo.

Las redes sociales se han convertido justamente en el espacio preferido por muchos para el insulto, la humillación, el acoso o la amenaza. Estas actitudes se profundizan si de por medio está el accionar de personajes públicos, representantes políticos o al abordarse temas sensibles, referentes al machismo, homofobia, xenofobia o diversidad ideológica.

La proactividad en la difusión de valores, como el respeto por parte de instituciones (públicas y privadas), así como el impulso de parte de figuras populares, será importante para evitar la proliferación del odio y la violencia en redes sociales.

Sin embargo, esta es una responsabilidad que la ciudadanía debería asumir, para lograr un uso civilizado de estos medios de información, a fin de lograr una convivencia que aleje la irracionalidad y evite mayores desmanes, temores y dolor al amparo del anonimato que permite la red. (O)

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