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El Telégrafo
María Cristina Bayas

Indulto

29 de agosto de 2022 - 09:02

No pasaron sino horas desde que el policía Santiago Olmedo fue sentenciado a 13 años de prisión por disparar a tres asaltantes y matar a dos de ellos, cuando en Twitter estalló la tendencia ¨Indulto¨, referida al perdón que puede otorgarle el Presidente, Guillermo Lasso, al uniformado.

A Santiago Olmedo, dependiendo del bando ideológico, algunos lo toman por héroe y otros por villano. Todo depende de cómo se cuenta su historia. Los primeros, narran que, para evitar un asalto a un adolescente, Olmedo disparó a tres asaltantes y salvó a un inocente. Los otros cuentan que, ante un asalto, Olmedo, haciendo un uso excesivo de la fuerza, disparó 12 veces a los asaltantes por la espalda.

Parece que todos, en sus relatos de los hechos, deciden si alguien es inocente o culpable basándose en posturas personales pero sin contrastar esas ideas con pruebas. Pretenden posicionar a víctimas y victimarios, de tal forma que su propia ideología no se vea afectada.

Pero esas narrativas, como los cuentos, consisten solamente en palabras. Para saber si Olmedo o cualquier otro sujeto en cuestión es culpable o inocente, hay que basarse en hechos y en evidencia. Para eso está la justicia porque los que conocen las pruebas son solamente quienes las tienen en sus manos y son capaces de analizarlas.

Casos como los abusos de habeas corpus o el juicio político al Consejo de la Judicatura nos hacen ver que ya de por sí la justicia está golpeada por su falta de independencia y por las fuerzas políticas que intentan secuestrarla para su propio beneficio. Sumado a este juego de poder, las redes sociales y sus verdades sesgadas por creencias personales abren el paso a enormes injusticias.

Lejos de sentenciar basándose en quién debería ser la víctima y quién debería ser el villano, o pensando en cuotas de poder, los jueces deben sentenciar haciendo un análisis de caso por caso. No hay nada más lejano a las generalizaciones clásicas de las ideologías, que analizar la realidad basándose en cada situación concreta, sin estereotipos y sin que haya grupos de culpables hasta que se demuestre lo contrario, o de inocentes a pesar de que las pruebas los delaten.

La justicia está contaminada por la política, la prensa y los activismos. En el caso de Santiago Olmedo hubo presiones desde el principio por el nivel de inseguridad en el país, por la postura pública del Gobierno, y por los activismos que existen alrededor del tema.

Es necesario entender que las víctimas y los victimarios no pueden ser designados como tales por intereses políticos o ideológicos, sino por los hechos, que jamás mienten. Y los hechos no siguen ningún patrón más allá de lo contradictoria, arbitraria y enmarañada que es la realidad misma.

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