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Fredy Lobato

La transfobia mata y reduce productividad

28 de septiembre de 2019 00:00

En la serie española Merlí hay un capítulo en que al colegio de Barcelona vuelve un antiguo profesor, que para sorpresa de todos, viene convertido en mujer. Aparte de la curiosidad de estudiantes y profesores, está la satisfacción de verla feliz por ser quien es.

Y aunque la producción induce con pedagogía a mostrar cómo actuar, es un caso muy excepcional. La realidad es muy diferente: 9 de cada 10 mujeres transgénero se dedican al trabajo sexual. En menor proporción hacen peluquería, servicio doméstico o se dedican a la cocina.

Y aunque hay países donde ser homosexual es criminalizado, ser trans es una fortuna, como en India, Pakistán o Irán -sí, Irán, donde los gais pueden morir en la horca si les encuentran en un acto sexual-.

Allí, la existencia trans data de hace más de 2.000 años, es el “tercer género” y se cree que traen suerte. La India despenalizó recién la homosexualidad, sin embargo, por homofobia, perdió hasta el 1,7% de su PIB.

Hay casos de éxito, como en Tailandia, donde las aerolíneas contratan mujeres trans para ser azafatas, por la calidad de su atención. En general, las sociedades están acostumbradas a “genitalizar” sus ambientes laborales y la tendencia debería ser reducirlos, pues está demostrado que sentirse seguro en el lugar de trabajo incrementa la productividad del empleado.

En Latinoamérica, una persona trans vive en promedio 35 años. La mitad de cualquier persona que tiene libre desarrollo de personalidad, protección jurídica, salario digno, acceso a educación, salud, vivienda, un empleo en sí.

Corren más riesgo de violencia al estar expuestas al trabajo sexual de calle, donde hay miles de asesinatos impunes. Una de cada 3 dejó de educarse, fue expulsada de su familia y eso significa potencial humano desperdiciado. El fracaso es de toda la sociedad, sin duda.

En Ecuador se cuentan con el dedo de la mano las personas trans trabajando en entidades públicas. Si su entorno y derechos fueron de respeto y garantizados, estas personas se convirtieron en médicas, abogadas o contadoras. Gente productiva, con capacidad de compra o pago de impuestos; siendo ciudadanas. (O)

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