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El Telégrafo
Tatiana Hidrovo Quiñónez

Immanuel Wallerstein

05 de septiembre de 2019 - 00:00

Immanuel Wallerstein nació en 1930 y murió hace pocos días, el sábado 31 de agosto de 2019. Merece estas líneas por ser uno de los científicos sociales que cosió la teoría marxista al método de la historia y explicó con fundamentos, de manera didáctica, qué es el “sistema mundo” capitalista real.

El historiador Fernand Braudel observó la expansión de la economía mundo desde el siglo XV, enmarcada en su conocido concepto de la “larga duración” o tiempos que traspasan generaciones humanas, en los que predominan determinadas características económicas. A partir de esta mirada dilatada del proceso histórico, Immanuel probó que el capitalismo es una realidad global integrada y una creación de la desigualdad del mundo, que necesitó “la complicidad de la economía internacional”.

Más allá de la densa teoría marxista, es difícil identificar el matiz propio del capitalismo, con respecto a otras etapas en las que igualmente se ha producido acumulación de riquezas.

A partir de sus estudios históricos, Immanuel señaló que el capitalismo se caracteriza, sobre todo, por la capacidad de “autoexpansión”, lo que debe comprenderse como la actividad especulativa mediante la cual, sin que medie trabajo, se reproduce el dinero para beneficio de unos. No obstante, el capital inicial acumulado es producto del trabajo pagado o no pagado, de la sociedad en su conjunto.

El capitalismo es una civilización materialista que ha mercantilizado todas las actividades de las relaciones sociales de producción, beneficiando a los centros que imponen intercambios desiguales con las periferias: nada queda por fuera del mercado impulsado por el deseo de acumular y especular. Un elemento tangencial es la tecnología, más que el motor, la consecuencia del capitalismo.

Las principales innovaciones tecnológicas, según Wallerstein, han producido la creación de productos escasos sumamente rentables, usados -además- para reducir el trabajo.

Wallerstein nos deja al final de su libro El capitalismo histórico (2012) una conclusión y advertencia: No hay duda de que habrá una transición provocada por el agotamiento del sistema económico capitalista, sin embargo, la incógnita, en esencia, es el resultado de esa transición.

Buen viaje, profesor Wallerstein, usted nos ha dejado una carta. A las puertas de la transición, la tarea de la humanidad es inferir la alternativa. (O)

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