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Mónica Mancero Acosta

Igualdad o equidad

13 de enero de 2014 00:00

Frecuentemente utilizamos los términos igualdad y equidad como sinónimos, sin embargo no lo son. Las implicaciones que se desprenden de cada uno de estos principios son distintas, y no podemos asimilarlas el uno al otro; no obstante, ambos son dimensiones de la justicia social.

En la historia, en la lucha por los derechos humanos, hubo un momento en que la igualdad fue el discurso, perspectiva y medida prioritaria. Las luchas sociales se desataban para obtener igualdad social, que no obstante se plasmó en una igualdad formal, mientras que la igualdad real se concretó muy difícilmente. En una etapa más reciente, hemos sido testigos de cómo un vacío e inocuo discurso de equidad ha sustituido a la igualdad, y esto ha dado lugar a que grupos, comunidades y Estados justifiquen discriminaciones e incumplimientos de derechos.

Según el sociólogo chileno Manuel Antonio Garretón: “En tanto la equidad apunta a la igualdad de oportunidades individuales para la satisfacción de un conjunto de necesidades básicas o aspiraciones definidas socialmente, la igualdad apunta a la distancia entre categorías sociales respecto del poder y la riqueza, o si se quiere del acceso de instrumentos que determinan el poder sobre lo personal y el entorno. Una sociedad puede ser a la vez equitativa y desigual” (Garretón, 2000).

Pero también al revés, alguna medida puede ser igualitaria, pero no necesariamente equitativa. La equidad significa que cada uno recibe lo que le corresponde o lo que merece. La igualdad, en cambio, implica recibir el mismo trato sin considerar las diferencias. Igualdad es tener los mismos derechos ante la ley; el derecho humano a la igualdad siempre va aparejado a la no discriminación.

Sin embargo, el trato desigual no implica siempre injusticia, sino que puede significar una acción preferencial y compensatoria para el/la que menos tiene, para el/la discriminado históricamente. La equidad introduce un principio de justicia a la igualdad. No obstante, no puede existir una perspectiva de equidad, si antes no instalamos la idea de la igualdad.

Bien nos dice la extraordinaria filósofa española Amelia Varcárcel: “La igualdad es ética y la equidad es política”. Por ello, precisamente, no podemos prescindir de ninguna de las dos.

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