Ibarra, 147 años después

- 02 de mayo de 2019 - 00:00

En estos días, Ibarra concluye la conmemoración 147 del retorno de 553 personas sobrevivientes del terremoto de 1868. La urbe contaba, aproximadamente, con 7.200 ciudadanos de los cuales perecieron más de 5.000, de un total de 20.000 muertos en toda Imbabura, que destruyó también poblaciones como Cotacachi, Otavalo o Atuntaqui.

Largos años vivieron los ibarreños en Santa María de la Esperanza. De cuando en cuando, volvían a su amada tierra y, aunque los ánimos estaban divididos, resolvieron el reasentamiento en el mismo lugar. Nuevamente, el ímpetu de Gabriel García Moreno, entonces Presidente de Ecuador, es decisivo.

En su primera llegada, ya había decidido el trazado en damero  de la nueva ciudad, desde la esquina de un coco sobreviviente, y con calles amplias de 13 metros de ancho, como era la fisonomía de las nuevas ciudades modernas, que García Moreno había conocido en sus viajes a Europa. Por eso, la dirección para delimitar la nueva urbe está a cargo del ingeniero Arturo Rodgers, y de 14 entusiastas jóvenes ibarreños que son enviados a Quito para perfeccionarse en estos oficios.

Así, desde el 13 de abril de 1872, al cabo de cuatro años del suceso, comienza el retorno de los ibarreños desde La Esperanza. “Entusiastas caravanas van cumpliendo la orden de retornar; unas, la mayoría, a pie; otras, a caballo; los enseres a lomo de mula, y en carretas haladas por yuntas de bueyes, las cargas más pesadas, que van lentas pero más seguras. El 28 de abril, un nuevo domingo y fiesta de la Virgen de las Mercedes, celebran el regreso.

El canónigo Mariano Acosta proclama un emotivo discurso: “¡Ibarra! Patria mía, levántate del seno de las ruinas, y la diestra del Altísimo te embellecerá”. Por su parte, José Nicolás Vaca, que estuvo durante los cuatro años en La Esperanza, dice que esta fecha de 1872 tiene un significado similar a la fundación realizada en 1606, auspiciada por Miguel de Ibarra, cuando pensaba “por dicho paraje abrir el camino más breve para Panamá”. Al parecer, la idea de buscar el mar también fue enterrado entre los escombros. (O)