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Maria Paz Jervis

“El hombre es lobo del hombre”

07 de diciembre de 2020 00:00

La teoría moderna que explica el origen del Estado desde la ciencia política y la filosofía nos habla del contractualismo. Bajo esta perspectiva, y sus tres exponentes (con sus obras) más relevantes Thomas Hobbes (1651), John Locke (1690) y Jean-Jacques Rousseau (1762), el Estado como figura jurídico política surge del contrato o acuerdo entre los integrantes de la sociedad. Este contrato social supone alcanzar un acuerdo mínimo sobre los valores que rigen o que debería regir la convivencia entre las personas.

Evidentemente esta lectura sobre el contrato social se hace desde la perspectiva del siglo XXI y el desarrollo de regímenes de gobierno democráticos en su mayoría que se basa en el imperio de la ley y en el Estado de Derecho.

En esta columna invito a reflexionar sobre la mirada de Thomas Hobbes, cuyo pensamiento fue desarrollado y superado por los contractualista posteriores pero sus postulados siguen siendo la base de la discusión política; más aún en el Ecuador parecería que el liderazgo político y parte de la ciudadanía es hobbsiana que trasladado en políticas públicas para el 2021 los vuelve en liderazgos primitivos.

El primero de los tres contractualistas nace en el 1588, en medio del proceso de transformación del sistema Medieval hacia el Renacimiento, con una vigente discusión de la ciencia sobre lo religioso.  En un momento que además la única existencia visible y relevante era la del hombre libre.  

En su texto que explica las motivaciones que llevan al contrato social supone que el hombre (refiriéndose así a las personas) busca seguridad. Que, en el afán de preservar sus tierras, sus posesiones y su vida está dispuesto a ceder parte de su autonomía a favor de un gigante (Leviatán), una ficción jurídico y política que ostenta poderes sobre todos. Ese poder es la garantía de proveer seguridad a sus miembros.

La cesión de soberanía a favor de este Leviatán -posteriormente denominado Estado- constituye un acto de elección racional: perder para ganar. Pues en sus palabras, “el hombre es lobo del hombre” y por la naturaleza salvaje que caracteriza la existencia nos llevará a acabarnos unos a otros si no intermedia una fuerza superior materializada, a través del Estado.

Ahora bien, la concepción sobre el Estado, actualmente, mantiene aún como uno de los elementos principales la administración legitima y exclusiva de la violencia, lo que en derecho se denomina poder de coacción. Cuando el Estado falla en su capacidad de cumplir con sus atribuciones principales, se cuestiona la vigencia del contrato social.

En el Ecuador, se ha puesto en duda la vigencia del contrato social, previo y posterior a una Asamblea Constituyente. Es decir, que esos acuerdos de valores fundamentales que reúnen al colectivo en la diversidad y en los objetivos comunes no logra vislumbrarse desde hace décadas. Pero romper las formas mínimas y transitar a una sociedad armada, podría acabar con la existencia misma de quienes habitamos si es que Hobbes acertó al decir que “el hombre es lobo del hombre”.

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