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Fredy Lobato

Las hermanas Mirabal

28 de noviembre de 2020 00:00

Había leído hace poco y con bastante interés “La Fiesta del Chivo”. Pude conocer la historia del vil asesinato de las hermanas Mirabal en manos de la dictadura del sanguinario Rafael Leónidas Trujillo. Mario Vargas Llosa, rescata con denuedo en esta obra, mitad ficción mitad realidad, las bascosidades del tirano dominicano.

Aunque en la ficción, la protagonista sea Urania Cabral, Vargas Llosa convierte a Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, en las principales coadyuvantes de un capítulo cruel y real de la historia. El desenlace no es una ficción –obviamente– porque la conspiración para eliminar a Trujillo sucedió, pero fue el corolario de una procaz persecución política, violencia y tortura.

El asesinato de Estado contra las hermanas Mirabal, conllevó a que, las Naciones Unidas en el año 2000, declaren cada 25 de noviembre (fecha del homicidio) como Día Internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer.

Las hermanas Mirabal se convirtieron en un símbolo, y a pesar de haber sido víctimas del odio político de una dictadura oprobiosa, día a día la violencia contra la mujer sigue siendo un tema de noticia, de juzgado, de debates sociales y académicos, de manipulación religiosa; y también de desidia política.

Sea por su condición de mujeres, por el sexismo, por su color de piel, origen étnico, nacionalidad, orientación sexual, identidad de género, edad; miles de mujeres son el blanco del sistemático estilo violento que no se acostumbra a tener que competir, compartir y sentir con la mujer en los ámbitos que sean.

Las hermanas Mirabal fueron asesinadas porque tomaron una decisión junto a mucho dominicano, de combatir un régimen violento. Miles de mujeres son asesinadas diariamente por un sistema cultural machista, por su decisión de ser y no ceder. Y eso se rompe con más educación, pero se refuerza con leyes y políticas. Miremos solamente el reciente desenlace que tuvo el juicio a María Paula Romo, por parte de los mismos protagonistas que aúpan y callan ante el intocable José Serrano.