¿Hay que estar un poco loco para querer ser presidente de Ecuador?

- 02 de septiembre de 2020 - 00:00

Algunos piensan que quienes se presentan como candidatos a la presidencia del Ecuador deben estar un poco locos desbordando en la megalomanía. Un poco locos, porque con un panorama lleno de nubarrones, quieren meterse a administrar una crisis, la más grande de la historia republicana. “Los megalómanos son personas con un concepto de sí mismos desproporcionadamente elevado”. Desprecian a los demás porque se consideran superiores al resto o predestinados por la voluntad divina.

Obviamente no es la condición de todos los postulantes. Ustedes sabrán seleccionar el suyo propio. Sin embargo, algo de locos tienen todos. Y aunque locos, los candidatos deben estar pensando la mejor estrategia para conquistar el poder. El dilema, imagino debe ser si arribar a Carondelet con un discurso realista y pragmático o un discurso de sirenas cantarinas.

Quizá todos los candidatos tendrán guardado bajo el tapete el discurso realista y pragmático en lo económico. No podrán publicitar planes de ajuste para que la economía crezca en el mediano y largo plazo. En la Argentina Alberto Fernández se la guardó. Conquistó la presidencia y ahora más del 60% de los argentinos quieren que se vaya. Ningún candidato sea de derechas o de izquierdas mencionará nada de esto.

Por su parte, el electorado, tampoco quiere oír ni ver la verdadera dimensión de la crisis económica que atraviesa el país. Al elector no le interesa escuchar diagnósticos ni planes realistas a futuro. Votará por aquel que le ofrezca de manera inmediata volver a tener trabajo e ingresos. Será una suerte de bingo, ruleta o lotería.

A más de esos aspirantes un poco locos, encontramos aquellos que, sabiendo que no van a ganar, quieren darse a conocer y participar en las futuras contiendas electorales. Otros, sabiendo que no van a ganar, pero podrán continuar con la alianza populista de izquierda. Estos, serán como esos matrimonios separados que vuelven al hogar que nunca abandonaron. Aunque se peleaban a ratos. Al fin de cuentas, agnados y cognados ahí mismo están.

Al otro lado de esta orilla estará una fuerza política que querrá romper con el pasado de ignominia. Todavía está por verse cuál es el candidato que abandere esa fuerza de cambio y logre comprometer a los ciudadanos en la construcción de una visión compartida de un nuevo país.

Definitivamente hay que estar un poco loco para querer ser presidente de Ecuador.

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