Hablando sobre innovación (3)

- 28 de enero de 2019 - 00:00

Pretendo con estas líneas concluir –temporalmente– mi visión del término “innovación”; no debido a una carencia de conocimiento teórico y vivencial del mismo. Más bien, se debe a mi subliminal intención de estimular y despertar en la audiencia la capacidad innata que tenemos para protagonizar hechos de innovación.

Dando continuidad a la entrega anterior, no existe fórmula general para procesar e interactuar con las problemáticas suscitadas tanto en el Mercado (asuntos no resueltos por nadie, aún) como en el propio negocio (situaciones relacionadas con el “producto”), para así usarlas como oportunidades. Atado a ello, tampoco la innovación exclusivamente es –ni debe serlo– producida por los CEOs. De ahí que, la manera correcta de asimilar el “emprendimiento” y la “innovación” está en verlos como los elementos que, engranados, provocan desestabilizar el orden establecido; recomendación que está inmortalizada en fuentes primarias (como libros), en fuentes secundarias (artículos científicos o informes de organismos internacionales) y especialmente “testeadas” en el campo.

Esta desestabilización del orden establecido implica (para todos y cada uno de los colaboradores de una organización) romper esquemas; comprender que el foco no solamente está en atender y mantener mi clientela actual (importante para cubrir costos fijos) sino en ver y trabajar, no mañana, ahora, en captar clientela del día después (fundamental para prolongar la vida jurídica del negocio y obtener altos márgenes en el corto y mediano plazo). Profundizando, hay que acercarse a la clientela para percibir qué otros no han hecho (o hicieron mal), para luego sí innovar. Estamos hablando de una cultura empresarial de innovación, donde seguimos impulsando el modelo de negocio actual, pero, simultáneamente, ensayamos ideas y modelos de negocio y cuando “la pegamos” nos enfocamos en ella y explotamos ese ensayo. Sí, experimentación permanente. Así lo hace Jeff Bezos, CEO de Amazon. (O)