Habla, Malcolm X

- 24 de febrero de 2016 - 00:00

El 21 de febrero de 1965, un domingo con episodios climáticos grises y claros, a las tres de la tarde fue asesinado Malcolm X, en el Audobon Ballroom (salón de eventos sociales) de Manhattan, Nueva York, oficialmente por miembros de la Nación del Islam; dudas y sospechas mantienen su lozanía. Después de visitar La Meca, dijo llamarse El-Hajj Malik El-Shabazz, su significado (versión interpretativa de este jazzman) se relaciona con “la bondad del Altísimo  favorece a la negritud en la nación de Shabazz”. Esta jam-session  tendrá el cununeo de sus palabras, las cuales asumimos letra por letra.

“No juzgamos a un hombre por el color de su piel. No te juzgamos por ser blanco; no te juzgamos por ser negro; no te juzgamos por moreno. Te juzgamos por lo que haces y por lo que practicas. Y mientras practiques la maldad, estaremos en tu contra. Y para nosotros la principal maldad es la maldad que se basa en juzgar a un hombre por el color de su piel”. Estas palabras son extraídas del discurso titulado: ‘Puedes odiar las raíces del árbol y no odiar al árbol’.

De una entrevista con el periódico Young Socialist, del desaparecido Partido Socialista de los Trabajadores (trotskista) estadounidense, en el hotel Theresa, Harlem. “Y el simple hecho que uno tenga colegios y universidades no significa que tenga educación. En el sistema pedagógico americano los colegios y universidades se utilizan diestramente para inculcar una enseñanza tergiversada”. En la misma entrevista insistió en que una apropiada educación intercultural (no usó esa palabra, pero el contexto de los dichos le otorga ese significado) proporciona respeto y autorrespeto a las personas negras, por disminución de sentimientos de superioridad e inferioridad de la sociedad blanca. Todos actuaríamos como “una sociedad de seres humanos”.

Malcolm X no fue el primero en impulsar el internacionalismo cimarrón, antes fue Marcus Garvey con su UNIA, acrónimo en inglés de Asociación Universal para la Mejora del Hombre Negro, sin embargo, él hizo extensiva esa alianza a todas las ‘personas de color’ de las Américas. Malcolm X insistía en el tema de los derechos humanos y ciudadanos con aquella pedrada al cielo de cristal del americanismo único e incompartible: “Soy uno de los 22 millones de negros que son víctimas del norteamericanismo […] víctimas de la democracia, que no es más que hipocresía enmascarada”.

El nacer y vivir en un país apenas te otorga el gentilicio, porque si disfrutaras de todo el repertorio de derechos constitucionales no se necesitaría de ninguna ley de reconocimiento de tu presencia histórica en ese territorio. Sentarse a la mesa no hace a nadie comensal, si no prueba a plenitud aquello que en hay en el plato. Estas palabras fueron para Kwame Nkrumah, presidente de Ghana: “…un presidente que les enseñe a hacer lo mismo que cualquier otro ser humano bajo el sol, es contar con un buen hombre”. Frases premonitorias y válidas para el actual progresismo latinoamericano. (O)