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Ecuador/Vie.3/Dic/2021

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Mariana Velasco

¿Generoso Blinken?

27 de octubre de 2021 00:00

Ha sido una constante en la política exterior estadounidense, la poca o ninguna atención hacia América Latina- salvo las cruzadas para derrocar a las dictaduras en Cuba y Venezuela- La mayoría de veces prioriza los cortos circuitos con China.

La visita oficial a Ecuador del Secretario de Estado, Antony Blinken , no sorprende.  Además del espaldarazo a la gestión del gobierno de Guillermo Lasso, su presencia trajo un paquete de promesas: apoyar en la lucha contra el narcotráfico, seguridad, comercio e inversión como oportunidades para dar un giro a la situación predominante que además podrían restaurar el sitio de Estados Unidos y disminuir la dependencia de China. Nuestro presidente pidió un tratado de libre comercio.

Buena parte de los esfuerzos del nuevo gobierno de Biden, están dirigidos a desincentivar la migración desde algunos países centro americanos. De reojo se miró o prestó atención al sur, excepto por los discursos temporales sobre los riesgos de hacer negocios con China, qué durante la última década creció de forma incontrolada. Basta citar la venta adelantada a Petrochina de 181 millones de barriles de petróleo que tiene hipotecados a los ecuatorianos hasta el 2024.

La visita a nuestro país también es una oportunidad para tomar en serio las finanzas de infraestructura de Estados Unidos. La región está maltrecha: la pandemia llevó a 22 millones de personas a la pobreza, mientras que muchas empresas se fueron a la bancarrota. El producto interno bruto de América Latina se contrajo un siete por ciento en el 2020, considerado como el peor de cualquier región.

Si se habla con los hechos, América Latina ha invertido poco en infraestructura durante mucho tiempo y el chuchaqui de la deuda postpandemia hará que sea imposible financiar mejoras sin la ayuda del país de las cincuenta estrellas. Aumentar el comercio y la inversión estadounidenses, mejorar la salud pública y estimular la producción de energía renovable ayudaría a resolver muchos de los problemas de la región que tarde o temprano aterrizarán en la puerta de ese país.

Aunque no hubo un anuncio oficial, el gobierno de Joe Biden, algún momento debe anunciar un contundente apoyo para los millones de refugiados venezolanos en América del Sur, muchos de los cuales están en nuestro país y el vecino del norte. Si bien, el presidente colombiano tiene el reconocimiento internacional por sus políticas hacia los desplazados por la represión y las dificultades en Venezuela, Estados Unidos no ha contribuido de manera eficaz ni ha logrado conseguir apoyo de otras naciones ricas.

Estados Unidos debe comprender que la pandemia no ha terminado. América Latina es la región más golpeada del mundo: alberga al 8.4 por ciento de la población global pero ha registrado el 20 por ciento de los casos totales de COVID-19 y 30 por ciento de las muertes a nivel mundial. Pese a ello, menos del 40 por ciento de los habitantes de América Latina y el Caribe han sido vacunados y en unos 20 países —la mayoría de ellos, los más cercanos a Estados Unidos— menos de un tercio de la población está completamente inmunizada.

El propio presidente calificó a su país como un “arsenal de vacunas”, siendo América Latina beneficiaria de aproximadamente la mitad de las donaciones de vacunas de ese país, alrededor de 38 millones de dosis. A pesar de ello, los expertos advierten que se requieren muchas más y con procesos más ágiles.

Las vacunas desarrolladas en ‘gringolandia’ son las más efectivas del mundo y varias naciones latinoamericanas, tienen lo necesario para fabricar esta tecnología que salva vidas. Compartir conocimientos también reduciría la presión inmensa que tiene ese país como la fábrica de vacunas del mundo. Dados los desafíos de la región, no hay tiempo que perder para poner en práctica un enfoque estadounidense más generoso.

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