¡El fuego de Jaime José Nebot Saadi!

- 29 de septiembre de 2020 - 00:00

El universo contrario a lo que se cree, es una existencia fría y oscura. Muy fría y muy oscura. El fuego es la creación. El fuego es la existencia del espíritu.  Realmente el misterio no es ni la vida ni la muerte: es el fuego. Todo fuego es sagrado. Cuándo aparece el fuego ya no hay oscuridad, ni frío; nada es lejano porque tú sabes dónde están las cosas. El fuego marca las cosas, nadie es indiferente frente al fuego ni nada ni nadie queda lo mismo frente a su ardiente poder.

Jaime José Nebot Saadi es el fuego de Guayaquil. Fue su Alcalde durante 19 años y su legado y valor es un fuego vivo y creciente.

Lo contrario al fuego es el olvido. Olvidar puede ser un acto macabro. Querer olvidar la gigantesca obra de Nebot en Guayaquil es injusto y oscuro.

Lideró Nebot en Guayaquil una revolución de servicio y generosidad. Modernizó los servicios públicos, logró que todos los guayaquileños tengamos acceso a todos los servicios municipales. Impulsó programas de vivienda al que pudimos acceder los ciudadanos. Masificó el arte popular, creo la metrovía, modernizó los mercados, toda la ciudad tiene acceso a agua potable, alcantarillado. En fin su fuego de trabajo y de iniciativas no tiene límites. Nebot es un hombre incansable en su amor por Guayaquil. ¿Cómo podemos olvidar la gran obra de Nebot en la ciudad? El fuego de Nebot es inextinguible. No está hecho de cualquier combustible: es su corazón que siempre alimentó su afán de servir sin cansancio a Guayaquil y sus necesidades.

El primer mandamiento de Dios en su acto creador es crear el fuego. El fuego es luz, claridad, transmutación. En plena emergencia sanitaria que vivimos por el covid, Nebot creo un comité de emergencias con la ayuda de la empresa privada que repartió cincuenta mil dosis de hidroxicloroquina, también cincuenta mil dosis de Azitromicina, su reparto gratuito me salvó la vida a mí, a mi hermana y tantos guayaquileños que superamos el mal.

Gracias Jaime José Nebot Saadi. Su fuego trasciende el tiempo. Usted es parte de la memoria amorosa de Guayaquil y del país. Gracias Jaime José, tu fuego es inextinguible. (O)

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