El Telégrafo
El Telégrafo
Ecuador/Jue.23/Sep/2021

Columnistas

Tendencias
Historias relacionadas
Simón Zavala Guzmán

El Fondo Monetario Internacional

23 de diciembre de 2020 00:00

Siempre estuve opuesto a las políticas del FMI, Banco Mundial y otros organismos prestamistas internacionales de dinero, por las condiciones usureras que imponían a países como el nuestro, para hacernos llegar migajas económicas que eventualmente solucionaban crisis económicas internas. Crisis que se producían por manejos económicos faltos de profesionalismo o, por intereses ocultos que llegaron a destaparse como el endeudamiento internacional en dólares de empresarios irresponsables o como el feriado bancario, o por beneficiar a algunos cambistas por la diferencia de divisas, etc. Hoy, esos organismos tienen tasas de interés más bajas que la bancocracia nacional.

Me pregunto que hubiera sido de este país, si el gobierno nacional no hubiera tenido que acudir al FMI para solicitarle un préstamo de 6.000 millones de dólares, luego de que la década saqueada, no le dejara ni los huesos en la “mesa servida” que con tanta parafernalia le entregaron. Yo no defiendo a este gobierno del Presidente Moreno porque no tengo ninguna razón para hacerlo ni tampoco el gobierno necesita de mi defensa. Pero si no se hubiera obtenido este préstamo, (y otros)  de dónde se pagaban los sueldos de maestros, médicos, enfermeras, policías, militares, pensionistas, burócratas, asambleístas, operadores de justicia, y un etcétera un poco largo. Además, con pandemia incluido. En este momento, estaríamos en un verdadero colapso. Hay que ponerse en los zapatos del Presidente.  Y eso, que todavía no se aprueban las reformas legales que nos permita andar armados. Ya nos estaríamos dando bala. Paciencia, por favor.

Lo que no imaginé nunca, -y esto es parte de lo real maravilloso de la ficción del Ecuador que tenemos- es que por ser uno de los países más corruptos del mundo, herencia soberana de los saqueadores presos y prófugos, el FMI tenga que imponernos la condición de aprobar una ley anticorrupción para darnos un préstamo. Como quien dice: “Verás ladrón, te comprometes a corregirte y te doy el dinero”. Esa es la vergüenza internacional que estamos pasando.  Lo fenomenal de esta historia, es que la Asamblea Nacional, casi por unanimidad y por la misma razón, tuvo que aprobar esta normatividad anticorrupción. Una Asamblea donde hay legisladores honestos, pero donde también hay sesenta legisladores enjuiciados penalmente por distintos delitos de corrupción. ¡Qué paradoja! A éstos últimos, no les quedó más remedio que, con “la frente en alto” ponerse al cuello la soga con la que próximamente serán ahorcados.

Te recomendamos

Contenido externo patrocinado