El racismo que no nos deja respirar

- 06 de junio de 2020 - 00:00

En los Estados Unidos, el país que inventó lo “políticamente correcto”, se desarrolla una protesta social sin precedentes que ya llevó al presidente Trump a ordenar que salga la Guardia Nacional a las calles de Washington. Los medios de comunicación, los líderes demócratas y aún los militares critican agriamente la posición del mandatario que no ha ofrecido ni una sola palabra de condolencia con ocasión de la muerte de George Floyd, víctima de la violencia policial. El grito “I can’t breath”, es decir, “No puedo respirar” –que fue la última frase que pronunció la víctima antes de morir– está siendo usado como lema de protesta en las manifestaciones y disturbios que se han desatado a raíz de la muerte de Floyd y la de otros afroamericanos, víctimas de la policía.

El movimiento social estadounidense Black Lives Matter, que empezó usando su lema como hashtag en las redes sociales, ha ganado reconocimiento a nivel nacional por sus manifestaciones en contra de la muerte de numerosos afroamericanos, por acciones policiales y sigue firme en este momento desafiando al poder público. Las multitudes que convoca, pone en escena la capacidad que existe en el país del norte de expresar una forma de pensamiento alternativa al régimen autoritario y conservador que lo gobierna. De hecho, este movimiento a nivel de todo el país influirá en el resultado de las elecciones de noviembre.

Todos los analistas coinciden en que la inequidad social de los Estados Unidos es grave. Los afrodescendientes y los hispanos están en los quintiles más bajos de la pobreza y han sido ahora particularmente golpeados por el covid-19. Los afrodescendientes tiene más posibilidades de ser acusados y detenidos; tienen mayor desempleo; menos oportunidades de estudiar en las universidades, menos acceso a los programas de salud y cuando encuentran trabajo ganan menos. Todos los esfuerzos de la democracia americana de referirse al “melting pot”, el crisol de las razas en donde todos son iguales dentro de la sociedad, no ha tenido fruto. Los afrodescendientes, a pesar de haber puesto en la Casa Blanca a un presidente, sufren de lo que Michelle Bachelet llama “racismo estructural”. Ese racismo tiene serias consecuencias en la vida de cada persona que lo sufre.

La otra Michelle, la Obama, por ejemplo, dice que cuando era joven tenía miedo de poner esperanza en el futuro, porque no lo quería enfrentar. De forma similar lo expresa la Premio Nobel Toni Morrison, cuando sus protagonistas afroamericanas, viven en una sociedad que desprecia a la gente de color, e internalizan el odiarse a sí mismas. Creíamos que la realidad social norteamericana había cambiado después de los grandes movimientos de los años 70, liderados por Martin Luther King, cuando se crearon políticas de acción afirmativa, programas en el mercado laboral y en el sistema educativo. Sin embargo, ahora constatamos que no se ha hecho lo suficiente. Existe odio y revancha de parte de la población afrodescendiente. La exclusión sigue siendo nociva para la marcha de la sociedad en su conjunto.

Hace pocas horas Michelle Obama posteaba en su cuenta de Instagram “Como a muchos de ustedes, me duelen estas tragedias recientes. Y estoy agotada por una angustia que parece no detenerse nunca. La raza y el racismo son una realidad que muchos de nosotros al crecer aprendemos a enfrentar. Pero si esperamos superarla, no puede ser que solo las personas de color se encarguen de ello. Depende de todos nosotros, negros, blancos, todos, no importa cuán bien intencionados creemos que podemos ser, tenemos que hacer el trabajo honesto e incómodo de erradicarlo. Esto comienza con auto examinarnos y escuchar a aquellos cuyas vidas son diferentes a las nuestras. Termina con la justicia, la compasión y la empatía que se manifiesta en nuestras vidas y en nuestras calles. Rezo para que todos tengamos la fuerza para ese viaje, así como rezo por las almas y las familias de los que nos han sido arrebatados”.

El Papa Francisco también se unió a las oraciones durante el funeral de George Floyd. Dijo que los católicos no deben tolerar el racismo, porque es un “pecado” que habita en la mente de las personas. Oremos con el Papa y con Michelle por el alma de George Floyd.  Oremos para que esa forma de pensar y separar a los seres humanos no nos ahogue. Mirémonos en el espejo de los Estados Unidos para erradicarla de nuestra sociedad, que sufre de un mal idéntico. (O)

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