Las flechas del yagué

- 23 de julio de 2020 - 00:00

El mundo de la Amazonía está poblado de mitologías. Cada uno de sus pueblos tiene sorprendentes saberes que, lamentablemente, el país aún no conoce a plenitud. Son muchas las razones. Acaso la principal sea el complejo que aún tenemos sobre nuestra propia historia. Está, por ejemplo, el caso de Jempe, el colibrí que entrega el fuego a los shuar o la enigmática boa, conocida como Arutam, parte también de la simbología de los pueblos de la cordillera. Mucho le debe el país a la Amazonía, pero aún creemos que únicamente está el tema del petróleo. Aquí, comparto uno de los mitos fundacionales cofán.    

Un día Chiga tomó un bejuco y se dispuso a preparar el yagé. Encendió el fuego y removió. El yagé cofán o ayahuasca, como lo llaman los quichuas, hirvió mientras afuera las loras se alborotaron. Aspiró hondo y bebió profusamente. Y fue entonces que Chiga se tambaleó y entró a su primera borrachera. Con el yagé Chiga se puso a llorar como un humano, como si tuviera penas.

Por este motivo, los cofán que no pueden aguantar con la borrachera tienen que patalear, llorar o tambalearse tal como en su tiempo lo hizo Chiga. Hay quienes pueden seguir ingiriendo el yagé, pero otros tienen miedo. Mas, todos saben que fue Chiga el que hizo nacer el yagé.

A veces, cuando un shamán está tomado sale a conversar con los palos o con las piedras y ve loras donde antes había hojas verdes. Ellos miran lo que otros no distinguen, como percibir a Chiga cuando se entierra en el agua. Con el yagé aprecian donde cae la luna y de dónde nace el sol.

Otras ocasiones, cuando un shamán entra en trance saca de su carcaj una flecha. Levanta el arco y otea el horizonte. Dispara la flecha en dirección a la morada de un enemigo, con quien tiene cuentas pendientes. Nadie lo observa porque las saetas son invisibles. Mientras la bebida pasa de mano en mano una flecha hace tambalear a alguien distante que ni siquiera ha olido el yagé, aunque esta vez no podrá levantarse. (O)

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