Ética pública

- 09 de julio de 2020 - 00:00

Actualmente, en la sociedad contemporánea, existe una gran pregunta sobre qué es esencial y qué es secundario a la interacción social, llevando a la sociedad, en varias ocasiones, a una inversión de valores y sentimientos. Aunque estas preguntas parecen más latentes en nuestro tiempo, de hecho, nacieron en el momento en que el hombre comenzó a vivir en sociedad y, para eso, comenzó a darse cuenta de la necesidad de "reglas" para regular esta convivencia.

La ética del servidor público, responde a dos aspectos fundamentales: una obligación de carácter moral que es propia del individuo, es decir, la conciencia que debe tener el servidor de que sus actos debe adecuarlos a normas de conducta identificados con aspectos de responsabilidad, cumplimiento y honestidad. El segundo aspecto el servidor público está obligado a desarrollar su actividad con apego a las disposiciones constitucionales, legales, reglamentarias y estatutarias.

El tema de la ética en el servicio público está directamente relacionado con la conducta de los funcionarios que ocupan cargos públicos en el Estado, tales individuos deben actuar conforme un patrón ético, mostrando valores morales como la buena fe y otros principios necesarios para una vida sana en la sociedad.

Cuando una persona es elegida para un cargo público, la sociedad pone en ella su confianza, y espera que cumpla un patrón ético. Así, esa persona debe de estar al mismo nivel de esa confianza y ejercer su función siguiendo ciertos valores, principios, ideales y normas. Del mismo modo, el servidor público debe asumir el compromiso de promover la igualdad social, de luchar para la creación de puestos de trabajo, de desarrollar la ciudadanía y de fortalecer la democracia. Para esto debe estar preparado para poner en práctica políticas que beneficien al país y a la comunidad en los ámbitos social, económico y político.

En el caso de los constantes actos de corrupción, de los que se ha llegado saber, durante estos últimos años en el Ecuador causan vergüenza propia a los ciudadanos. Parece que los valores están invertidos, de tantos actos de corrupción que se han tornado banales y cotidianos. No se puede comprender que, en medio, de la peor crisis de los últimos cincuenta años hay individuos que se aprovechan de las circunstancias y comenten actos abusivos contra la sociedad.

Así como las mascarillas que estamos usando para protegernos contra el virus, requerimos de valores que nos protejan; las familias, los centros de educación, los medios de comunicación, que son los actores clave, requerimos hacer una pausa para reflexionar nuestro rol y compromisos con la sociedad y actuar para que no haya más individuos que aprovechen el poder en beneficio propio al igual que empresarios que sean cómplices de eso actos. (O)

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