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Ecuador/Mié.27/Oct/2021

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Edwin Hidalgo

Ética periodística

14 de octubre de 2021 00:00

Uno de los temas más discutidos en los últimos tiempos es el de la ética en los medios. En las sociedades actuales reina la corrupción en la política, en los negocios, hasta en recintos considerados sagrados como la salud y la educación. Es natural que la prensa no se haya librado de eso. Y como yo no recibo sueldo ni honorarios de este diario, escribo ad honorem, puedo hablar con total libertad del tema. Cuando estudié Periodismo Ciudadano en la Universidad de Witwatersrand, Sudáfrica, tuvimos un curso dedicado al tema. Me permito resumir lo aprendido para beneficio del público y de los futuros comunicadores. El principio esencial del periodismo limpio es el respeto incondicional a la verdad. Es como en las películas, cuando oímos a un testigo que va a declarar: “Juro decir decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad”.

 

Aparte de ser fiel a los hechos, este respeto a la verdad  implica no hacer pasar como propias las expresiones de otros. Demos el crédito a quien corresponda, al César lo que es del César. Si a usted le gusta inventar fuentes, no escriba noticias sino cuentos. Borges escribía cuentos en los que citaba fuentes inventadas. Respete la privacidad de las víctimas de una tragedia y nunca cite nombres de estas víctimas, peor si son menores de edad. Nunca mezcle hechos con opiniones, para que el lector sepa cuándo usted está opinando y cuándo está contando hechos. Otra norma es no aceptar obsequios a cambio de encubrir hechos; eso se aprende en casa, pero algunos lo olvidan.

 

Cuando uno se equivoca, debe aceptarlo y rectificar por escrito; no solo equivocaciones en la emisión de datos, sino por exagerar una opinión. Hace años yo critiqué con demasiada severidad la película La Tigra. Meses después comprendí mi error y entrevisté a Camilo Luzuriaga, como expiación por mi exceso de entusiasmo. Un consejo a los periodistas nuevos: en caso de duda, consulten a un profesor honorable, de la talla de Roque Rivas Zambrano. Finalmente, no se queden callados ante la injusticia. 

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