Ética y gobierno

- 23 de octubre de 2019 - 00:00

La gobernabilidad se refiere a las condiciones de legalidad de un determinado gobierno para abordar las transformaciones necesarias, mientras que la gobernanza se relaciona con la capacidad de poner en práctica las condiciones de gobernabilidad. La gobernabilidad y la gobernanza se refieren a la construcción de la democracia y de la ciudadanía y no al proyecto de poder. La gobernabilidad resulta de la afinidad de la legitimidad del Estado y de su gobierno con la sociedad, mientras que la gobernanza es la capacidad financiera y administrativa integral de una organización para practicar políticas. Sin gobernabilidad, la gobernanza es imposible y también sin ética la gobernabilidad y la gobernanza son insustentables.

Escribir hoy sobre ética es una necesidad y una insuficiencia. Nuestra sociedad en su cotidiano coloca a la ética en un espacio de vulnerabilidad, porque la supervivencia en los tiempos actuales es compleja y difícil. En este mundo del sálvese quien pueda prevalecer, los instintos más primitivos se colocan en primera fila.

Si la cuestión ética habría aparecido en la década pasada, no sería considerada o apenas recibiría la respuesta de la indiferencia o del ridículo. Hoy, y no pocos, consideramos la cuestión ética como un tema central para la gobernabilidad, ya que el tema no solamente es ecuatoriano o regional sino planetario y nos colocan en una encrucijada como sociedad. Las condiciones actuales hacen que el interés por la ética y la gobernabilidad no solo sean un movimiento intelectual, sino un movimiento instintivo y orientado a la sobrevivencia en el largo plazo.

La capacidad política entendida como gobernabilidad se asienta en la ética que no es subjetiva, es intersubjetiva porque depende de todos los que conformamos la sociedad dentro del Estado. Es decir, hay una ética del bien común que prima sobre los grupos que hasta pueden ser legítimos pero no es suficiente su ética. Los hechos que nos acontecieron en los doce días es una crisis de gobernabilidad del sistema en donde primó la ética y no ética de grupo y no de sociedad.

Como Estado nos queda privilegiar la ética colectiva como exigencia humana para sustentar al sistema con gobernabilidad. Las negociaciones sobre acuerdos de gobernabilidad deben sustentarse en principios éticos que fortalezcan las políticas de largo plazo y la construcción de ciudadanía. (O)