El eterno retorno ecuatoriano

- 11 de octubre de 2019 - 00:00

La toma de los pueblos y nacionalidades indígenas a la capital ecuatoriana ha sido un evento recurrente en la historia contemporánea de la República.

Varios de estos eventos terminaron de forma directa o indirecta en el rompimiento del orden democrático. Una vez más el país revive esta historia, sin duda, nos encontramos en un ciclo recurrente del cual no parece existir salida.

Este ciclo de eterno retorno demuestra que la sociedad ecuatoriana, en su multiculturalidad, mantiene ojos cerrados hacia una realidad que se nos hace visible cuando decenas de miles de personas caminan cientos de kilómetros, para exigir al país ser escuchados.

En todas sus marchas hay una particularidad en común: medidas económicas que fueron tomadas para enfrentar falta de recursos en el Estado, que son percibidas como una afectación directa a sus bolsillos.

El incremento del costo de productos y servicios, por más mínimo que sea, en los grupos sociales con un mayor índice de pobreza complica sus condiciones de vida.

Es por ello que, al igual que en ocasiones anteriores, la exigencia es la eliminación de las medidas económicas. Sin embargo, el eterno ciclo sigue y seguirá, si es que lo único que la sociedad busca es que las cosas se calmen y que quienes marcharon desde sus pueblos regresen a seguir luchando por tener una vida digna.

Como sociedad, es necesario romper este ciclo, es tiempo de que entendamos que la sabiduría indígena y su visión de desarrollo es algo que merece ser evaluado y adaptado para pensar en un desarrollo del país.

Dichas propuestas deben nacer de la comunidad indígena, revisadas con una mirada propositiva y servir como punto de partida para trabajar en una mejora de la calidad de vida de nuestros hermanos y hermanas.

El desarrollo de los pueblos y nacionalidades indígenas se traducirá, sin duda, en el progreso del país. Es tiempo de sentarnos como país a romper este ciclo que imposibilita pensar en un proyecto país a largo plazo. (O)