Esta universidad se renueva

- 22 de octubre de 2014 - 00:00

Fue el peso acumulado de deficiencias administrativa, académica y no acercamiento al inmediato entorno sociocultural (vinculación comunitaria se dice ahora) lo que tenía a la Universidad Técnica Luis Vargas Torres de Esmeraldas hundiéndose sin aparente salvación. Y la velocidad del hundimiento en las ciénagas de la desconsideración general fue proporcional a la indecisión de los altos niveles de responsabilidad de la educación superior. Cuando fueron a proponerle la presidencia de la Comisión de Intervención y Fortalecimiento Institucional (CIFI) a Uriel Castillo Nazareno, dudas e insatisfacciones se repartían entre el grupo elector y potenciales elegibles, pero él, sin abundar en promesas, solo dijo que “en la complejidad de los problemas está su solución”, no es cita textual. A nuestro juicio, algo parecido a la aplicación del aikido.

En los objetivos específicos de la CIFI es donde está la energía para desarmar la estructura de problemas, por ejemplo, el segundo: “Establecer la gestión por procesos para lograr eficacia y eficiencia”. Un proceso es una secuencia lógica de cumplimientos para alcanzar metas determinadas. La estrategia de la CIFI y el presidente Castillo Nazareno no es enfrentar adversarios en un imprevisible campo de batallas propicio para quienes tienen sus técnicas de demora sin fin, aquello también causaría el aparecimiento de nuevos y fuertes grupos, artificios de entorpecimientos y disputas interminables; en efecto, la ley perversa de mientras más tiempo se demoren en resolver las dificultades el hundimiento será más rápido. No hay que dudarlo, con las instituciones severamente dañadas alguien gana.

 Uriel Castillo es un economista, nacido en Limones, provincia de Esmeraldas, con posgrados en diferentes universidades extranjeras y movida laboral en lo público y privado. Después de conocer ya no solo por informes, sino la crudeza de la realidad de la UTE, él comenzó a informar a la ciudadanía de la provincia del estado crítico de su universidad (sin apelar a ningún dramatismo demagogo) y aprontar soluciones; estableció algo así como una línea fractal para gestionar ese mundo paralelo de autoridades de indudable legitimidad, pero mermadas en sus influencias para el modificar la situación, y la Comisión Interventora llegada por esos avatares. El asunto camina, a veces parece lento, otras se acelera; pero esa es la historia de esta impostergable reforma universitaria.

Algunos nombres también responsables por el cumplimiento del objetivo general de la CIFI, Carlos Jácome Pilco, al frente del tema académico, y Jack Chávez, para el impulso de la investigación en ciencia y tecnología, no son los únicos. Son apenas siete meses para unos avances inmediatos: garantía de la gratuidad de la educación superior; aumento de la inversión en becas para docentes y estudiantes, en investigación y vinculación comunitaria; todo lo anterior tiene como ámbito de actuación la realidad productiva, social y cultural de la provincia.