Error inexcusable

- 14 de septiembre de 2020 - 00:00

La Corte Constitucional del Ecuador, nuevamente, causó furor nacional con una decisión poco ortodoxa en una sociedad jurídica acostumbrada a la supremacía de la fuerza.

Esta es la Corte independiente que ha neutralizado todas las pretensiones del Gobierno de pasar sobre la Constitución; que garantizó que seres humanos puedan contraer matrimonio por ser, justamente, seres humanos, entre otros; pero hoy, en tributo a la Revolución Francesa, acaba de construir una muralla entre los poderes del Estado.

Les explico: la figura del error inexcusable era la más poderosa herramienta de la Política sobre la Justicia. Cada vez que un juez independiente tomaba una decisión que no le gustaba al poder, ese juez era destituido. Y esta posibilidad se convirtió en censura previa: los jueces, para no perder sus puestos, decidían conforme era políticamente correcto, pese a no ser jurídicamente correcto.

¿Qué era el error inexcusable? La artificial atribución del Consejo de la Judicatura para decidir si una decisión jurisdiccional era o no correcta y, si no lo era (según ellos), ese Juez debía explicar a sus hijos porqué ya no tenían comida en la nevera.

Lean claro: el Consejo de la Judicatura es el máximo órgano de administración en la Justicia y no de Justicia, ergo, es el encargado de que los funcionaros judiciales reciban sus sueldos, que tengan impresoras, internet, papel (higiénico), recursos materiales, espacios adecuados, etc., pero jamás le puede decir a un Juez cómo decidir.

La Corte Constitucional una vez más hizo lo correcto: los únicos que pueden decir si hubo o no error inexcusable son los jueces superiores, es decir, los que dominan cada rama del Derecho. Hoy es la Justicia y no la administración gerencial la que decidirá si hubo errores jurisdiccionales.

En cuanto al campo disciplinario, el Consejo de la Judicatura mantiene las facultades lógicas: poder sancionar al Juez que llega borracho, al secretario que no cumple con el despacho de las causas, etc. Así por fin la separación de poderes ve la luz y ya no importará si una decisión le resulta incómoda al poder.

Alégrense con esta sentencia, pues la primera forma de corrupción en la justicia es tener jueces que trabajan con la guillotina rasgándoles la piel. Finalmente, no me quiero ir sin enviar un mensaje al mediocre Navarrete 2.0: mira aceituna del Árbol de Oliva que andas manipulando la justicia y diciéndoles a los jueces cómo decidir: se te acabó la fiesta y el festín. (I)  

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